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Imaginemos que estamos en un medio de comunicación en plan solateras, en algún reducto de inmensidad inabarcable y esas cosas tan romanticonas. Llegan las diez de la mañana y nos acabamos de calzar un café de esos del bar de la esquina, que lo ponen hirviendo en invierno y con un refrescante hielo procedente de las cámaras de los helados en verano.
Imaginemos que subimos a la redacción, hacemos un par de llamadas, leemos una decena de notas de prensa, estudiamos a conciencia la agenda y calculamos cómo llenar las tres páginas diarias de rigor. Antes, naturalmente, tenemos que derrotar al Cancerbero de turno, un jefe situado a kilómetros de distancia cuya mayor preocupación es servir al Partido Popular de la provincio de turno y echarse un buen chuletón (gratis) el domingo.
Imaginemos que nuestro tema estrella de la jornada tiene que ver con la izquierda. Es más. Imaginemos que tiene que ver con Izquierda Unida. Que un grupo de militantes de este partido ha organizado una revuelta contra una corruptela local.
Imaginemos que lo proponemos, con argumentos impecables, y que nos dicen que sí, que duro con ello, pero que el tema tiene que ir en un breve de esos de media columna en prensa escrita. Y que, a cuatro columnas y abriendo la sección, podemos hablar de que Carmen de Mairena va a oficiar de pregonera en las fiestas de Chotalascabras de Arriba.
Imaginemos todo esto, apliquémoslo a la realidad y encontraremos la respuesta que buscábamos hace unos días. Cómo muchos medios de comunicación vetan a la izquierda, especialmente a la de Izquierda Unida, con la excusa de que no vende, merece poco espacio por tener menos votantes o porque "siempre dicen lo mismo".
Y con esto y un bizcocho cumplo con mi cuenta pendiente desde hace una semana. Se admiten preguntas ;-)
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