¡Y van quince! La buena vida y la mala leche
El Día de la Fiesta Nacional yo celebro además que llevo quince sin dar una calada. Éste es mi mérito y éstos los que son noticia hoy: Rajoy, que a tantos ha ofendido, se ha tragado el “coñazo” del desfile sin mover el bigote, Chacón le ha echado un capote y el rey ha excusado la ausencia del presidente en su recepción porque ‘donde hay crisis no manda zapatero’. Y es que, sin ser patrón, ha conseguido subir a los 15 al mismo barco. Cuarto mérito del día.
A estas alturas, mis células deben de estar recibiendo más oxígeno que en los últimos quince años, mi nivel de monóxido de carbono debe de ser normal y mi necesidad física de nicotina debería haberse ‘curado’. Pero esta presumible mejoría es tan intangible como la gravedad de la crisis económica para alguien que no tiene acciones ni entiende de grandes números.
Si no fuera por los grandes titulares, las cifras del paro, los reveladores gráficos de trazo resbalado y la frenética actividad de los responsables del mundo, yo, sinceramente, no notaría nada extraordinario -porque el precio de la hipoteca ya no es extraordinario-. Dicen que a nuestros bolsillos, los de quienes los tenemos pequeños, llegará la gran depresión más adelante. Y entonces, cuando los que cogemos el metro y comemos de menú dejemos de pagar una caña sin pensar, los indecentemente ricos ya no tendrán el problema.
Puede que todo vuelva a ser poco a poco como antes: los ejecutivos asalariados de las macro compañías volverán a ganar hasta 275 veces más que un empleado medio, se gastarán 300.000 euros al año en gasolina para sus viajes privados en el jet de la empresa, blindarán sus contratos para que se les vuelvan a premiar con cien millones si hay que echarlos por arruinar la empresa y, lo que es más desmoralizante, sudarán su responsabilidad en baños turcos mientras los demás pagamos su avaricia.
Mi decisión de dejar de fumar ha coincidido en el tiempo con el apogeo del caos financiero, así que no sé si mi cabreo es mayor cada día por efecto de la abstinencia o como consecuencia de estar descubriendo la peor cara del capitalismo salvaje, del que soy además cómplice.
En el destacado de un artículo en un suplemento dominical, encuentro un pensamiento de Freud que asocio con la situación que vive el mundo: “le doy gracias a la vida por no habérmelo puesto nunca fácil”. Así deben pensar los países emergentes, porque ésta puede ser su gran oportunidad para darnos un codazo y pasar delante. Dice el FMI que China, por ejemplo, seguirá creciendo al 9%. Yo, por si acaso hay que irse allí a vivir, voy dejando de fumar. ¡Que son doce horas de viaje!











