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Hoy nos alejamos un poco de la termodinámica, la luz, el sonido, las nubes, las estrellas… para hablar un poco de nosotros. Analizaremos aquello que es necesario, imprescindible y que nunca tenemos en cuenta: el no hacer nada. O lo que es lo mismo: descansar.
Nuestro cuerpo no deja de ser una máquina. Algunos dicen que es la máquina perfecta, aunque yo no opino lo mismo porque tenemos muchos defectos. Entre los muchos que tenemos, no entiendo cómo la evolución nos ha convertido en máquinas de engullir comida por un agujero y excretar los restos por otro. ¿No sería más cómodo engullir menos y aprovecharlo mejor para no excretar? Otro defecto es el que no nos podemos pasar las 24 horas del día despiertos, ni muchas horas andando, ni pensando, ni haciendo lo mismo, porque llega un momento en el que dejamos de rendir.
Cuando descansamos y mientras dormimos, reponemos energías. Se fortalece el sistema inmunológico, los músculos descansan, y nuestra mente desconecta del mundo real. Bueno, no desconecta del todo, porque hay algún tipo de sueño que parece tan real… que te da rabia despertarte justo cuando estás a punto de...
Cuando no descansamos, o cuando no dormimos lo suficiente, se altera nuestro cuerpo, sufriendo cambios bruscos de temperatura. El ritmo cardíaco aumenta, olvidamos cosas y nuestro estado anímico empeora. Incluso aumenta el nivel de azúcar en sangre y nos podemos llegar a marear.
¿Qué puede provocar no descansar? Dejamos de rendir y perdemos efectividad. Ten en cuenta que la mayoría de accidentes de tráfico se deben a falta de atención que viene provocada por nuestro estrés diario.
¿Cuánto cuesta descansar? Muy poco. Sólo hace falta que te fijes en tus prioridades y descartar una para tomarte un tiempo de relax. Tiempo para uno mismo, para escuchar música tirado en el césped, salir a pasear, podar tus plantas en el jardín, tumbarte en la cama mirando el techo o echarte una siestecita…
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv