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Tal día como hoy en 1931 media España se echó a la calle para celebrar que finalmente habíamos echado a aquel tipo, Alfonso XIII, responsable entre otras cosas del desastre de Annual (del que nos acordamos en 2001 y ya).
Aquella República que surgía, que sucumbiría después y que finalmente sería la antecesora de una democracia nuevamente borbónica (son gente que se incrusta, los borbones), nació con un montón de proyectos, a veces disparatados y otras no tanto, que no terminaron de llevarse a la práctica porque los militares se rebelaron para conservar los privilegios de unos pocos y aquí se preparó un lío de mil demonios y se escribió un prólogo a la Segunda Guerra Mundial que sería negado durante décadas.
Entre los muchos proyectos que tenía la República estaba el de convertir este zabuqueral llamado España en un estado federal. Es decir, un país único formado por estados federados. La idea de este proyecto y sus posibilidades como columna vertebral para la convivencia de todos los españoles pueden resumirse en una frase de Lluís Companys, por aquel entonces presidente catalán, quien dijo aquello de "¡Viva la República Catalana dentro de la República Española!".
No por libre. Dentro. En común. Pero al mismo tiempo manteniendo un nivel de independencia aceptable y lógico.
Sin embargo, como digo, todo se fue al carajo y aquel tipo bajito y sus compadres llevaron a este país de nuevo al hoyo del que no termina de salir y, cuando se puso en marcha aquel engendro, la Transición, nos inventamos una cosa llamada comunidades autónomas que nadie tiene ni idea de qué demonios significan exactamente.
Al mismo tiempo poníamos en marcha una Ley Electoral que contradice desde la base aquel mítico derecho que sale en las películas (de antes) y en los libros (a veces también de ahora): un hombre, un voto.
Con nuestro actual sistema electoral un catalán o un vasco que voten a un partido nacionalista tendrán más representación parlamentaria que un castellano-leonés que vote a Izquierda Unida. De hecho un ciudadano que vote en Ávila a IU tiene cero posibilidades de obtener representación.
Esto favorece el que los nacionalistas tengan peso y, dentro del imperfectísimo sistema que son las comunidades autónomas, trinquen para sí y vayan por libre de más. Cosa que un estado federal quizás ayudara a solucionar en combinación con una buena ley electoral. Pero si seguimos hablando de esto este post se va a alargar más de la cuenta.
Mientras tanto tendremos que seguir tirando con esta España que, un 14 de abril como hoy, es más heredera de una panda de generales golpistas que de su propio pueblo.
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