El sembrador de vientos
Acuñó la máxima en 2003 después de invadir el mundo con mentiras y a Iraq con bombas. “O conmigo o contra mí”, solía decir el vaquero. Dividió así el planeta entre los buenos, que le apoyaban ciega e incondicionalmente, y los cobardes… todos los demás. Ahora, las tempestades de aquellos vientos sembrados no las recoge el ranchero de Texas, sino los civiles inocentes de un país sin petróleo.
Esa misma máxima la ha adoptado Rusia. Quiere el gigante ex soviético que EE.UU. no pueda jugar en todas las canchas y ganar siempre, que no apoye a Georgia y siga abrazando a Putin en cada reunión. “O con Rusia o contra Rusia”, es lo que ha venido a decir hoy el ministro de Exteriores Lavrov después de que Bush, el primo de zumosol, haya salido a defender a Saakashvili, el primo tontaina.
Entrando en Osetia del Sur, Saakashvili envidó a grande con sólo un rey entre sus cartas. Un rey de bastos que, a casi diez mil kilómetros, apura sus últimas semanas en la Casa Blanca sin ganas de más follones. Un primo de zumosol fláccido y cansado que no iba a mover un dedo antes de tiempo por el más pringao de sus primos. Ahora ve cómo su modelo cowboy de “conmigo o contra mí” es imitado por quien menos le conviene. Cómo su viejo enemigo nuclear se atreve a levantar la voz a quien quiere, a invadir países a su antojo y a insinuar cambios de líderes por la fuerza. Tal y como hizo él hace apenas cinco años.
Esta vez los vientos que recogen otros son fríos, como esa guerra no declarada entre las dos grandes potencias nucleares. Una guerra fría que, de haber regresado, no será únicamente por la prepotencia de uno solo. Sino de dos sembradores de vientos que no estarán aquí cuando haya que recoger la cosecha.











