Rumbo a Sitges
Da igual que sea invierno o verano, en el AVE siempre te hielas. Llevo dos horas de viaje en las que he dormitado, he visto un rato de "Los crímenes de Oxford", y he desayunado un sandwich vegetal del vagón restaurante. Ahora, por fin, he sacado el portátil que me ha prestado Miriam- la meteoróloga-, para empezar a escribir que estoy viajando hacia Sitges para ver todas las películas que pueda, hacer amigos entrañables, destriparos los secretos más ocultos de un festival de cine fantástico y, de paso, estrenarme en esto de ser reportera.
Yo pensaba venir con cuadernito rojo, cámara de fotos y portátil. Pero a uno de mis jefes (Buenos días, Alfredo) se le ocurrió que también podía llevar una cámara. Como soy muy obediente, le hice caso. Mi hermano flipó cuando me vio llegar con el micrófono verde con el simbolito de laSexta y yo, con la condescendencia típica de la hermana mayor, le dejé tocarlo. Sin embargo, esta mañana no me sentía tan feliz porque la camarita pesa como mínimo veinte kilos, y mi hombro está en alerta roja constante por peligro de dislocamiento.
Y es que llevar cámara lo cambiaba todo. Mi cara podía aparecer en plano en cualquier momento, así que ayer fui a la peluquería para retocarme el flequillo y peinarme para ir guapa y dejar a laSexta en un buen lugar. Al menos, esa era la idea… porque la peluquera hizo lo que le dio la gana y ahora mi flequillo es casi inexistente y yo parezco un peligroso miembro de la Izquierda Abertzale. No es que tenga nada en contra de su estilo, pero a mí no me queda bien y, lo más importante: no lo había pedido.
Creo que se han escrito un montón de guiones sobre venganzas, pero no me suena que haya una contra las peluqueras. Imagino los títulos: "Te dije un dedo, no media melena", "Ahora la que se va a exceder con las tijeras soy yo" o "Y que sepas que después de este desaguisado te pienso cobrar". Seguro que sexykiller me entiende.
Estoy llegando a Barcelona. Seguiré informando.











