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Reflexiones en el parque acuático

Si bien mi trasero se conoce a la perfección los toboganes de los parques acuáticos catalanes, ahora tenía ganas, tras un año en blanco, de volver a experimentar la sensación de velocidad aquí en Madrid. El tiempo acompañó, todo salió a la perfección e incluso lo que empezó como un juego, acabó con un profundo análisis físico de una particular situación.
 
Durante las primeras bajadas por los tubos nos dimos cuenta que unos bajábamos más rápido que otros. Era casi independiente de la posición adoptada durante el descenso. Allí empezó la competición. El primer tobogán que pusimos a prueba fue el que tiene más pendiente. Ese que te salpica el agua directamente de los pies a la cara y no puedes ni coger aire. El que en mi casa llamamos "Kamikaze". Siempre llegaban más rápido al final los dos que más pesaban.
 
La competición se trasladó a los toboganes planos. Son los que podéis ver en la foto. Ni haciendo la cucaracha, ni poniendo cara de velocidad, ni levantando el culo, ni cruzando las piernas, podía bajar yo más rápido que el resto. No les estoy llamando gordos, pero ellos pesan más que yo. Ellos tan sólo con dejarse caer iban cogiendo velocidad hasta que me adelantaban.
 
Tras breves charlas que teníamos al final de cada bajada, todas ellas con gran rigor físico, y siempre entre carcajadas, llegamos a varias conclusiones. La principal es que con más peso, a más velocidad se llega al final del tobogán y antes se llega la piscina. La técnica puede tener algo que ver, pero poco importa.
 
Así que al ser uno de los más ligeros nunca llegué a ganar ninguna bajada. ¡Menos una! La que hice trampa y me tiré antes de tiempo. Todo mi prestigio se fue por los suelos porque al llegar a la piscina no dejaron de escucharse abucheos.  

De esa visita saqué un buen bronceado y mucho dolor en el hueso del culo, también denominado rabadilla. Pero lo que no pude conseguir fue el teléfono de la preciosa socorrista que me encontré al salir. ¿Verdad que era preciosa, Pablo? Para ahogarse a propósito.

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Bloguero Marc Redondo Fusté

Acerca de

Marc Redondo Fusté

Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv

 
 
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