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Ya lo he dicho en alguna ocasión: nunca leo las sinopsis. Me gusta dejarme seducir por los carteles o por los títulos, que para eso están. Sin embargo, en este caso fui a la sala Cuarta Pared para ver Rebeldías Posibles porque había leído muy buenas críticas (varios premios y tres temporadas consecutivas en cartel).
Después de hacer tiempo en el bar del teatro tomando una cerveza con limón y un cuenquito de galletitas saladas con forma de pez, entré en la sala. Allí, los asientos estaban divididos en cuatro bloques que formaban un cuadrilátero. Imagínate un ring de boxeo a ras de suelo, solo que sin cuerdas ni manchas de sangre. Dentro estaban los actores charlando a-su-bola mientras el público se acomodaba.
Cuando todo el mundo estuvo sentadito en su sitio con los típicos temores que llegan antes de ver una obra de teatro ("seguro que es un bodrio, tendría que haberme quedado en casa"), los seis actores se dirigieron al público y hablaron sobre las cosas que les ponían nerviosos como, por ejemplo, leer periódicos llenos de historias injustas. Y es que la obra trata sobre cómo enfrentarse a ese tipo de situaciones, ya sean graves -necesitar una cita con un médico especialista para tu hija, que se muere- o más bien simples -lograr que tu empresa telefónica te devuelva los 28 céntimos que te ha cobrado de más-.
Había una mesa y varias sillas que cambiaban de posición constantemente para recrear distintos ambientes. Estos cambios se ejecutaban sin disimulo, para que el espectador fuera muy consciente de que lo que veía era una representación teatral y no una realidad (el "distanciamiento brechtiano", para los entendidos). Los actores llevan un doble juego. Por una parte interpretan a "personajes" propiamente dichos, y por otra, también hacen "de sí mismos". De hecho, en uno de los momentos más dramáticos de la trama irrumpen todos en el escenario cortando en seco la escena para hablar de ella. Una de las actrices, que interpreta a una anoréxica, se vuelve hacia los espectadores y los tranquiliza: "Oye, que yo como estupendamente, ¿eh?".
Lo malo: a veces hay moralina (especialmente al final). Hay alguna escena que no aporta nada a la trama y que se podían hacer ahorrado -especialmente la del plató de televisión, con el sobadísimo papel de la periodista sin escrúpulos-. Además, algunos de los personajes malos eran taaaan malos que dejaban de ser creíbles.
Quitando eso, Rebeldías Posibles es una obra muy recomendable y os animo a que vayáis a verla: estará en Madrid hasta el 28 de septiembre y después comienza la gira all around Spain. Y sí, ya sé que he recomendado las tres obras que he visto pero, ¿qué le vamos a hacer si tengo un gusto estupendo y acierto siempre?