Queridos lectores, adorados comentaristas
Me voy de vacaciones. A París.
Tengo muchas esperanzas puestas en este viaje. Quiero aprender a moverme caminando inteligentemente por la ciudad en vez de hacer el pardillo y comerme dos transbordos en metro cuando estaba a diez minutos de mi destino a pie; quiero hacerme amiga inseparable de una francesa encantadora de mi edad -que toque la guitarra como Russian Red, sea adicta a los tés, sepa cuáles son los bares donde se reúnen los franceses más divertidos y, además (imprescindible), que sea ligeramente más fea que yo-. También deseo encontrar una tienda con bolsos artesanales que vaya a trasladarse y tenga todo el material rebajado al 80%... asimismo, mejorar mi técnica fotográfica y conseguir unas instantáneas preciosas llenas de ardillas que miran a cámara con soberbia mientras de fondo, ligeramente desenfocados y torcidos, se vislumbren todos los monumentos importantes de la ciudad (una ardilla y un monumento por foto, se entiende).
Ya. Ya sé que en el fondo todos esperamos las mismas cosas de nuestros viajes.
Lo pienso y me emociono, será maravilloso. Pero todo se acaba y el último día todas (francesa, ardillas y yo) nos iremos a Sacré Coeur a hacer un botellón de licor de avellana y crepes de nutella;
allí nos diríamos lo que cada una había pensado de las demás al principio (“me pareciste un poco engreída, aunque me molaron tus zapatillas”, “no me gustó tu forma de posar, pero tenías un pelaje realmente suave”). Nos daremos abrazos, lloraremos y prometeremos escribir postales (aunque al final sólo nos agregaríamos al Facebook). Entonces, una de las ardillas (la más brillante,
mi favorita) tendría la gran idea de hacernos una foto de grupo. Apoyaríamos la cámara en
mi mochila blanca del Festival de Cannes, pulsaríamos el botón de autodisparador, concentraríamos nuestras fuerzas en parecer bellamente naturales y entonces, cuando la luz roja de la cámara estuviera parpadeando y el destello del flash fuera inminente…
(A completar por vosotros. En dos semanas volveré y comprobaré si tenéis dotes de futurólogos).