Que se vayan al Cuerno
Cuando creíamos que a nadie le importaba Somalia descubrimos a unos turistas franceses disfrutando de un crucero de lujo por el Cuerno de África. ¿Es que no había otro sitio? Distinto es lo de los pescadores españoles, que hacían su trabajo y llevan años pidiendo protección.
Siete días encañonados con ametralladoras por una banda de piratas somalíes no están contemplados en ningún plus de peligrosidad ni figuran en el seguro de viaje de ninguna agencia turística. Pero, como han dicho los mismos pescadores, lo importante es que están bien. Eso, y que se van a las Seychelles.
El Cuerno de África es una de las regiones más inestables del mundo. Sus costas, las más peligrosas. Y Somalia, ese sindiós sin gobierno y sin esperanza, es el escenario menos recordado de las guerras olvidadas. Siete días compartiendo allí atunero con una banda de criminales, presumiblemente sucios y andrajosos, no se parece mucho a lo que Disney nos ha enseñado sobre los piratas. Difícil imaginar a Keira Knightley desafiando con su sable a los secuestradores del Playa de Bakio. Aunque si así hubiera sido, tal vez nuestros marinos no lo habrían pasado tan mal.
Lo que parece evidente es que el gremio de los piratas ha perdido ese encanto de tiempos pasados, cargado de belleza y romanticismo. Ni siquiera se dignan a conservar la bandera unisex de las tibias y la calavera. ¿Qué razón existirá para que el mundo del crimen sea casi exclusivamente masculino?
En el transcurso de los siglos XVII y XVIII varias jóvenes tuvieron en jaque a las rutas comerciales de los mercantes europeos. En algunos casos, su belleza fue además testimoniada por quienes las conocieron. Si bien la historia del Caribe se ha escrito a base de rumores y leyendas extendidas de taberna en taberna a lo largo de Centroamérica, la existencia de estas hermosas piratas está documentada. Órdenes de busca y captura, actas de juicios… es un hecho que algunos convoyes piratas fueron capitaneados por mujeres y, según parece, algunas enamoraban a marineros, políticos y bucaneros al mismo tiempo que cometían tropelías.
Capitán, mande firmes: en próximas entregas, historias de bellas piratas de buen ver y mal vivir.











