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No voy a descubrir América, me temo. Pero a pocas horas de conocer los resultados de las elecciones europeas una cosa es evidente: la abstención va a ser de traca. No había que ser analista político de los de verdad ni tener a mil tíos haciendo encuestas por todo el país para darnos cuenta del asunto. La cuestión es por qué ocurre esto. Por qué la abstención en unas elecciones de este calibre es tan alta.
No hay más que echar un vistazo al panorama patrio para responder a la pregunta. Durante toda la campaña se ha criticado que los candidatos sólo hablaban de España, que no decían qué demonios iban a hacer en Europa (aparte de ganarse un generoso sueldo, que no deja de ser importante).
A mí, personalmente, me hubiera gustado mucho saber si Mayor Oreja está a favor de una Europa social, o si López Aguilar apoya la creación de un Ejército europeo común (esto del Ejército era lo que más me interesaba en estas elecciones para poder decir que pertenezco a una potencia atómica).
Quizás todas estas cosas, y muchas más, están en los respectivos tochazos programísticos de cada partido, pero este año he pasado de leerlos. Como todo cristo, vaya.
También hay otra causa sobre por qué no nos interesa Europa: porque la vemos como la ONU. Creemos que es una especie de organismo de película que no sirve para nada salvo para solventar determinadas cuestiones mercantiles (cosa que está muy bien pero Europa, a estas alturas, debería dar algún paso REAL más).
Habrá que esperar a conocer los resultados finales para ver qué pasa, pero creo que todos lo teníamos bastante claro desde el principio. Radicales, conservadores y personajes varios volverán a tener su espacio en el Parlamento europeo.
Y el interés por este chamizo llamado Europa seguirá siendo el de ayer.