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A lo largo de los siglos la Iglesia siempre ha tenido una punta de lanza dispuesta a quemar herejes, evangelizar salvajes o encabezar cruzadas. Y, por mucho que haya evolucionado el mundo, poco ha cambiado la Iglesia.
Esto explica el encuentro entre los kikos, el grupo ultraconservador fundado por Kiko Argüello, y el Papa Benedicto XVI en Roma. Un encuentro en el que a buen seguro Ratzinger desplegará todo su encanto ante unos disciplinados soldados que han llevado la lucha contra el laicismo y la defensa de los dogmas cristianos (familia incluida en el pack) a niveles insospechados.
No hay sino que echar un vistazo a la ya mítica manifestación pre-electoral en favor de la familia cristiana promovida por Rouco Varela, que ha sabido utilizar el poder de los kikos para demostrar que, en lo que se refiere a movilizaciones callejeras, la Iglesia sigue teniendo mucho poder en España.
Precisamente debido a estas alianzas entre los 'ultras' y la cabeza de la Iglesia los ciudadanos pueden llegar a ser conscientes de hasta qué punto la renovación del catolicismo no se ha producido todavía. Y de cómo la política de los estados le importa, y mucho, a aquel que gobierna desde ese etadito llamado Vaticano.
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