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Tras la derrota del Partido Popular en las últimas elecciones generales fueron muchos los que auguraron que ocurriría lo siguiente:
El "adiós" de Rajoy la noche electoral parecía confirmar el primer punto pero, lejos de ello, Rajoy se mantiene en el cargo y el congreso que se celebró posteriormente no consiguió tumbarlo. De hecho aquellas dudas en el seno 'popular' contribuyeron decisivamente a dejar al descubierto a los opositores a Rajoy que, consciente de por qué había perdido, decidió abandonar la estrategia de confrontación y aparentó ser más moderado.
Para ello se había dejado por el camino a Acebes y Zaplana, personajes a los que evidentemente era necesario dejar en la cuneta y sustituirlos por otros menos relacionados con el 11-M y la posterior crispación de cuatro años largos. Así se hizo y así quedó al descubierto Aguirre mientras barones como Camps daban un claro giro en favor del líder gallego y dejaban a la Comunidad de Madrid aparentemente sola en su lucha contra Rajoy.
El que no se ha marchado en todo este tiempo ha sido Losantos, quien no sólo no ha sido silenciado por sus jefes, sino que en los últimos meses ha aumentado la agresividad de sus discursos. El problema es que en esta ocasión la víctima principal de sus ataques ha sido el Partido Popular y, en especial, Mariano Rajoy. Maricomplejines para sus amigos.
Parece que esto (porque audiencia y tirón Losantos tiene tanto como siempre) es lo que ha llevado a los obispos a prescindir de sus servicios. Esto no significa la desaparición del mítico locutor inventor de palabras célebres como "perroflauta" o expresiones como "mulato claro" (utilizada cuando se refería a Obama).
El Confidencial ya advirtió sobre lo bien situado que está Losantos y sobre cómo podrá seguir moviéndose, aunque sea fuera de la COPE, con el verbo que lo caracteriza.
Veremos.