Más bravas y menos trufas
El fin de semana pasado estuve viendo la última película de Woody Allen que todos sabemos cómo se llama pero que tengo que especificar: “Vicky, Cristina, Barcelona”.
Y fui a verla en versión original. No porque sea especialmente quisquillosa en cuanto a eso de ver las pelis en el idioma en que fueron rodadas sino porque en este tipo de historias en las que se juega conscientemente con el uso de dos lenguas, como que es obligado. Además, me negaba a escuchar a Penélope Cruz y a Javier Bardem doblados por otros.
Como decía, vi la peli y me gustó. Fue una experiencia un poco rara porque sentí como si Woody Allen se hubiera sumergido en mi cabeza para sacar mis grandes paranoias en cuanto al amor y las hubiera puesto en boca de tres pivones. O sea, la filosofía estúpidamente racional del “voy a pensar mucho las cosas en vez de fiarme de cómo me siento” que podría resumirse en: Aunque estés muy bien ahora, seguro que te estás perdiendo algo mejor.
Cuestiones filoamorosas aparte, la peli tiene un efecto no previsto: la cancioncita principal de la banda sonora (Barcelona, de Giulia y los Tellarini) no para de repetirse en tu cabeza durante los días siguientes y, en ocasiones, te encuentras a ti misma susurrando: Barselonaaa. Puedes distinguir a tu alrededor a la gente que ha visto la peli hace poco porque en cuanto te escuchen se les iluminará la cara y te mirarán como: “¿A ti también se te ha pegado?“. Y entonces, en vez de avergonzaros mutuamente por canturrearla, empezaréis a gritarla a dúo.
Lo mejor: Penélope Cruz, sin duda.
Lo peor: exactamente lo que no me gusta de las pelis de Woody Allen, ese ambiente hiper sofisticado en el que todo el mundo entiende de cuadros y vino. El excesivo encanto de una ciudad en la que hay conciertos de guitarra española con velas en cualquier esquina. La incongruencia –cómo me mola esa palabra- de una mujer que viene a España a estudiar la cultura catalana y no habla con nadie en catalán.
Y ahora lanzo esta pregunta al aire: ¿Mejoraría la película si salieran comiéndose unas bravas? Mi respuesta es clara: sí, mucho.











