imprimir
compartir

En 1995, Jorge Valdano, que entonces era entrenador del Real Madrid, telefoneó a las dos y pico de la tarde a Marta, una niña de 14 años que pocas semanas antes le había enviado una carta. La madre de Marta dijo es para ti, un tal Jorge Valdano. Marta puso la directa a su silla de ruedas y al otro lado apareció el acento argentino que tantas veces había oído por la tele. Me imagino a Marta nerviosa, asintiendo unas cuantas veces y terminando sí, repítaselo a mi madre. Cuando Marta llegó al colegio, poco después, la noticia corrió como la pólvora: el Real Madrid la iba a recibir, a ella y a sus compañeros de asociación.
La asociación de Marta era la Asociación Cántabra de Espina Bífida e Hidrocefalia. Los niños de la asociación llegaron a la cita hasta las cejas de camisetas del Madrid, libretas, bolígrafos y nervios. Valdano y Cappa bajaron los primeros. Después se animaron algunos jugadores de los que tiró Amavisca, un cántabro que aquella temporada le había cogido el punto a la cabeza de Zamorano. Firmaron y se fotografiaron con todos, sobre todo estos tres: Cappa, Amavisca y Valdano.
Lo recuerdo bien porque yo era uno de aquellos niños. Y de aquella mañana, de aquella media hora que estuvimos con el Madrid, guardo algunos de los recuerdos más felices de mi hermano. Lo veo saliéndose de la silla de ruedas de puros nervios, con una sonrisa de dientes caídos que no le cabe en la cara, junto a un Valdano que se ríe de alguna ocurrencia de mi hermano. Yo salgo en una esquina de la foto, tímido, pálido y nervioso, empujando la silla.
Muchos años después volví a ver Valdano, incluso lo conocí un poco; trabajamos en el mismo programa durante un tiempo. Nunca le he dicho lo de aquella mañana porque en el fondo sigo sintiendo la misma vergüenza que tuve entonces, sólo que ahora ya no tengo la silla de mi hermano para parapetarme.
Como hoy me parapeto en este blog, lo utilizo para decirle gracias. Gracias porque él, con Marta, fue el artífice de uno de esos recuerdos felices de infancia que resultan indelebles al paso del tiempo, que aquel gesto nos hizo a todos madridistas aquella mañana, aunque celebrásemos como locos la victoria del Racing pocas horas después (2-0), y que estoy seguro de que este Madrid con él dentro volverá a tener alma, ese alma que se parece tanto al buen corazón. El resto viene solo y, además, para mí es lo de menos.
Blog de Ciencia
Blog de Literatura