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Cuenta un señor muy simpático llamado Milton Friedman en un libro editado por FAES (he empezado muy bien, ¿eh?) que la educación debe dejarse en manos de entidades privadas.
Lo cierto es que he resumido muchísimo el capítulo en el que habla sobre la educación. Capítulo con el que estoy de acuerdo en muchos de sus planteamientos porque, hay que reconocerlo, Friedman es razonable.
Toda esta introducción viene a cuento de lo que va a pasar en la pérfida Albión (sí, también soy bonapartista). Allí el Gobierno está pensando en nacionalizar las escuelas privadas que no hayan podido hacer frente a la recesión. Entre los argumentos esgrimidos para tal nacionalización el Ejecutivo británico cita, además, el que algunos centros privados han sido superados por los públicos, donde los padres prefieren inscribir a sus hijos.
Eso significa que la soberana Ley de Mercado de los liberales ha funcionado de forma negativa para la empresa educativa. Sin embargo, y aunque liberales como Friedman defienden dicha libertad de mercado a toda costa, está visto que cuando vienen mal dadas los hombres de Brown no dudan en echarle un cable a los amigos en vez de dejar que se hundan.
Es el típico discurso de la izquierda: recordar que durante la crisis se ayuda a los colegas que se hinchaban a ganar pasta con las vacas gordas. Como demuestran casos como éste, este argumento suele ser cierto. Casi siempre.
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