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Meses después de la popularización de la palabra desaceleración Solbes ha salido a la palestra para meternos miedo en el cuerpo. La crisis no se acaba. Se recrudecerá en 2009. Y en 2010 la cosa, lejos de solucionarse, continuará.
Al mismo tiempo Solbes, tirando de raciocinio en vez de afinidad política, ha afirmado que es tan malo no conceder créditos a alguien solvente como a aquellos que no pueden pagarlo.
A toro pasado esto da lo mismo, supongo. Porque durante años en todo Occidente la irresponsabilidad ha campado a sus anchas. Desde banqueros a constructores, pasando por gobiernos y ciudadanos, todo Cristo se ha apuntado al carro de las hipotecas y los créditos. "Metámonos en una hipoteca a 50 años, qué importa, quien no se mete nada tiene", es probablemente uno de los argumentos que más he oído durante los últimos años. Hasta mi santa madre me animaba a comprar una casa desde que comencé a currar de periodista (salvo cuando mis sobradas me alejaron del gremio y me situaron en otros territorios de los que igual hablo otro día).
Ahora ese cúmulo de irresponsabilidades cruzadas (de las que quedan absueltos aquellos que no cayeron en la trampa del sistema y del imaginario colectivo ése) nos está pasando factura. El problema es que nos pasa factura a todos. Absueltos incluidos en el pack.
Así que las palabras de Solbes llegan tardísimo. Y, como caerán en el olvido, supongo que volveremos a tener otra crisis enorme si antes no lo remedia esa Tercera Guerra Mundial de la que últimamente habla tanta gente.