La huida de Riggor
Conseguí la ciudadanía europea en Helsinki, en 1996. La embajada de las Islas Marianas del Norte (nací y me crié allí por un azar que le tendió el destino a mi madre), en colaboración con el Programa de Becas para la Investigación Biomecánica de las Naciones Unidas, me alojó en un piso con otros estudiantes extranjeros. Allí conocí a Riggor Huly, el tipo del que voy a hablar en este post.
Riggor era un par de años mayor que yo, fumaba unos cigarrillos larguísimos que le enviaban cada dos semanas desde algún lugar de Bielorrusia, creía en los romances postales y, cuando estaba borracho, decía que no necesitaba besar a nadie para seguir vivo, y al instante lo rodeaba un aire de calefacción, misticismo y misantropía; un aire denso, con tabaco, humedad y moqueta, que a mí me evocaba un tiempo de guerras mundiales que no he vivido y a él le traía a la primera línea de la melancolía un par de raciones de infancia y Minsk.
Nos marchamos de Helsinki con pocos meses de diferencia; yo me fui a Canadá y tuve suerte, pero con poca constancia; él consiguió una plaza de investigador titular en la Universidad de Houston, Texas. Ahora dirige uno de los equipos que más expectativas están creando en el difuso y desconfiado mundo de la genética aplicada a la biomecánica y su nombre ha aparecido en un par de quinielas para los nobel. Hace cinco días me llamó por teléfono. Estaba en Madrid.
Llegó a mi casa borracho, más viejo de lo que había supuesto, como si estos nueve años que hemos estado sin vernos le hubieran contado doble, apestaba a sudor, a costo y a perfume empalagoso, de flores y licor, de velatorio y casa de putas. Dijo que aquella mañana había desertado de una conferencia y que no recordaba a qué hotel le habían enviado el equipaje. También dijo, esto lo dijo más tarde, cuando yo también había bebido, que estaba amenazado, que había descubierto algo por casualidad, en una investigación paralela, que tenía presiones, que no sabía si iba a volver. Y balbuceó algo antes de dormirse, algo sobre la masturbación in vitro.
(este post tendrá una segunda parte)











