El G8 ideal
Los líderes de los ocho países más prepotentes del mundo (a excepción de Irán, que no está invitado al club) se reunieron en Hokkaido para celebrar su cumbre anual.
-“¿De qué hablamos este año?”, preguntó el anfitrión, el primer ministro japonés Yasuo Fukuda, el único ilusionado de la sala por creer que quizá esta vez alguno se aprendería su nombre.
-“¿Pero tú quién eres?”, respondió George W. Bush.
-“¿Dónde está el otro, el japonés simpático de otros años?”, apostilló Silvio Berlusconi, que por las imperfecciones de la democracia se tuvo que perder las dos últimas citas.
-“Vayamos al grano, señores”, inquirió Angela Merkel, a lo que Bush respondió con un tímido abucheo, confiando en que Brown le siguiera.
-“George, no jodas”, susurró el premier británico al estadounidense, que este año no tenía muchas ganas de trabajar.
El canadiense comenzó a enumerar el orden del día: “crisis de los alimentos, precio del petróleo, cambio climático, hambre y epidemias…”
-“Uff, qué pereza”, interrumpió Bush. “Llevamos ocho años igual, venga ya, vámonos de cañas”
Todos le siguieron. Excepto Medvedev, que prefirió llamar antes a Putin para pedirle permiso.
- “Vamos Dimitri, que sin ti no es lo mismo”, le animó Barroso.
- “No, sin ti es el G7”, bromeó Sarkozy, que buscó con la mirada las risas de sus compañeros.
La cumbre había terminado. Duró sólo diez minutos pero logró exactamente los mismos resultados que el año anterior. Y que los treinta y dos años anteriores. Pero esta vez gastaron menos en luz y no abrieron las botellas de agua, por lo que el balance que expresaron a los medios de comunicación fue “claramente positivo”. Así que, disuelto finalmente el G8 se hizo necesaria la creación de un nuevo club. Una lista de elegidos que, tras mucha reflexión, quedó configurada de la siguiente manera:
- Luis Aragonés: porque si alguien puede revertir el calentamiento global o alcanzar la paz mundial, es él.
- El Follonero: encargado al mismo tiempo de intentar reventar las cumbres, algo indispensable para que se hable de ellas.
- Alicia Sánchez-Camacho: porque al G8 le conviene la unidad.
- Miguel Sebastián: porque si hablamos de los ocho primeros tiene que estar España. Y porque en las cumbres sobran corbatas.
- Risto Mejide: porque sin Sarkozy hará falta alguien que diga las cosas.
- Mahmud Ahmadineyad: porque se muere de ganas de entrar en un club de tipos influyentes.
- Amancio Ortega: porque sin él esto no parecería una lista.
- Patricia Conde: porque sí.
¿Y tú? ¿A quién incluirías en el G8 ideal?











