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Con Zapatero a punto de pedirle al Parlamento un batallón de soldados españoles que mandar a Afganistán me huelo que mucha gente se preguntará por qué mandamos soldados a esta país alejado de todo, retiramos tropas de Kosovo de forma progresiva y al Ejército no lo dejamos en su día seguir en Iraq.
Lo fácil en este caso es decir: "Mira Zapatero, mucha paz y mucha leche pero sólo retira a las tropas de un sitio por darse aires. ¿Y Afganistán?". Pues bien, como digo esto es un discurso fácil. Y, aunque es innegable que lo de Iraq a ZP le dio puntos (y sigue hundiendo a Izquierda Unida) estos tres conflictos son muy diferentes unos de otros y, a mi juicio, el Gobierno no ha jugado mal en el movimiento de nuestras tropas (representativas y mínimas, pero nuestras y valientes sin lugar a dudas).
1.- Iraq: lo de Iraq no es ya que fuese una guerra ilegal (que sí) es que fue una cagada en toda regla. Creo que ya lo he comentado por aquí en alguna ocasión, pero con Sadam Hussein se pudo acabar fácilmente en dos momentos. Uno en el 91, después de la I Guerra del Golfo. Pero los yanquis temían la inestabilidad consiguiente entre otras muchas cosas. Y otra en el 95, cuando Clinton se negó a apoyar en el más absoluto de los secretos un golpe de estado perpetrado por kurdos (ese pueblo del que no sólo se pueden decir cosas buenas) y generales suníes descontentos. Pero claro, o no hubo lo que no hubo, o en aquel entonces Iraq y sus recursos importaban más bien poco. Luego vinieron las banderas de la libertad de Bush (mientras compadreamos con otros dictadores mucho más asquerosos todavía que el extinto Sadam) y nos vendieron una moto a la que se subió Aznar. Y sí, había que largarse porque allí no pintábamos nada por la sencilla razón de que aquella guerra beneficiaba exclusivamente a Estados Unidos y se puso en marcha sin tener en cuenta las consecuencias (esas consecuencias que han convertido la zona en un polvorín donde campan a sus anchas esos tipos de Al Qaeda a los que Sadam, un innegable cabrón con pintas, no les dejaba meterse en su país diga lo que diga W).
2.- Kosovo: lo de Kosovo tiene más gracia. O no. Desde que Yogoslavia empezó a irse al carajo Europa perfeccionó esa técnica conocida como "mirar hacia otro lado" que tan bien utilizaron países como Francia e Inglaterra en aquello que aquí llamamos nuestra Guerra Civil (la última, en todo caso). Durante mucho tiempo (reporteros nacionales lo atestiguan y atestiguaron) Europa permitió genocidios, violaciones, asesinatos, robos, caos y mierda en proporciones apocalípticas. Hasta que finalmente los prohombres de la época decidieron intervenir cuando aquello era un agujero. Más tarde estalló lo de Kosovo y de nuevo aquello se convirtió en un auténtico zabuqueral y la destrucción al estilo africano se desató por doquier. Pero al final las aguas volvieron a su cauce, nos dijeron que aquello era cosa hecha y hace poco Kosovo decidió pasar del mundo y declararse independiente. Y España, que de nacionalismos no tiene ni puta idea pero que a estas alturas debería, dijo que Kosovo no era un país y apoyó a Serbia. Así que con ese panorama demasiado tiempo llevan nuestros soldados allí, habiendo cumplido además con la vaina que les llevó allí. Es hora de volver digan lo que digan quienes lo dicen. Aunque mejor hubiera sido llegar a aquello antiguamente llamado Yugoslavia antes y no haber montado este pollo absurdo con la marcha de un sitio que no es ya lo que fue mientras Europa callaba.
3.- Afganistán: intervenir en Afganistán era una necesidad desde hacía rato. Pero claro, lo que tiene el Primer Mundo es que los primeros ratos no llegan hasta que le afecta directamente. Es lógico, naturalmente. Al fin y al cabo somos naciones que tenemos que cuidar muy mucho en qué barrizal metemos los pinreles. Pero precisamente por eso no podemos caer en la hipocresía de que vamos a combatir el mal cuando llevamos años (e incluso siglos) consintiéndolo y financiándolo (para qué hablar más del tema). A Afganistán había que ir porque atacaron a un aliado, Estados Unidos, y porque había que cargarse el epicentro del enemigo talibán. Y allí las cosas no marchan. Afganistán no es un país cualquiera. Es un país donde se han estrellado ya varios imperios. Su orografía lo permite y a su gente le viene de herencia lo de resistir. Y claro, la guerra ya no se gana tomando la capital. Sobre todo cuando tu enemigo no es un Gobierno, sino una guerrilla muy bien organizada. Quizás la mejor guerrilla del planeta y la que cuenta con una infraestructura más sólida e impresionante, como demuestran esos túneles que permiten el paso de camiones de abastecimiento a través de las montañas. Por todo esto la guerra no se termina de ganar. Y sería bueno ganarla, sacar a los talibán del país, dar un golpe de efecto al terrorismo islámico... No soy muy optimista al respecto pero como Gobierno España debe seguir mandando tropas para tratar de conseguir estabilidad y apoyar a Estados Unidos, nuestro aliado en el mundo nos guste o no. En este caso la batalla es más que legítima.
Luego están las otras guerras en las que habría que luchar. Batallas que libraríamos si el Primer Mundo fuera realmente garante de la libertad. Pero esa es otra historia que hoy nos viene larga y que, me temo, es tan utópica como el que los políticos dejen las bonitas palabras cuando invaden algo injustificadamente.