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Ahora que las rubias se ponen en bikini a tomar el sol en las escaleras de incendios, que empiezan los festivales de música en los parques con manta en el suelo, que puedo quitarle el polvo a la cesta del picnic y jugar en el parque a las palas, ahora que el tiempo te grita que salgas a la calle aunque peques de nudismo, ahora no puedes dejar Nueva York.
Un verano inabarcable de música y cervezas te espera, cómo no voy a estar en el Charlie Parker Jazz Festival, cómo me voy a perder a Shakespeare gratis en el teatro Delacorte dentro del Central Park, cómo voy a dejar de alquilar una bici y subirme a los Cloisters para ver desde lo alto el río Hudson.
Las ciudades cambian de color, Nueva York renace.
El Times saca su previsión de eventos de verano y te entra ese cosquilleo en el estómago, porque lo tienes que hacer todo, ver a los Yeah Yeah Yeahs y a Pete Seeger, ir al Festival de Folk de Newport y recordar allí los años hippies en los que Joan Baez y Bob Dylan tocaban codo con codo para gritar en contra de la guerra de Vietnam.
Tienes que ir al Festival de Teatro Iberoamericano, y no se te puede olvidar la fecha exacta del Brooklyn Film Festival, y busca dónde está esta semana el mercadillo itinerante que no hay nada mejor que uno de esos maíces asados viendo ropa usada por las calles de Manhattan.
Se va a poner tan contenta mi silla de picnics cuando la vuelva a sacar estos días para el River to River Festival y detenga mi cerveza en su dispositivo especial, y charle con las otras sillas veraniegas en un parque escuchando jazz.
La cuenta atrás en esta ciudad echó a correr y como quien vino cinco días el tiempo se te hizo corto en esta ciudad que ahora no puedes dejar. Don’t leave New York this summer.
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