Diez días sin fumar, y en plena crisis
Empiezo a pensar que Harold Ramis estaba dejando de fumar cuando escribió El Día de la Marmota y que Tony Scott se inspiró en el síndrome de abstinencia para dirigir Déjà Vu, porque a mí me está pasando como a Denzel Washington o Bill Murray.
Otra vez he dormido fatal, a intervalos. Otra vez he encendido la radio para encontrar a todo tipo de tertulianos hablando de la situación económica. Y otra vez aparecen las palabras ‘Crisis, batacazo y bolsa’ en los titulares de prensa. Y yo, dejando de fumar.
Busco noticias que me hagan pensar en otra cosa que no sea un cigarrillo. Yo también estoy atravesando una crisis, un momento de 'tensión infumativa'. Pero es muy difícil que los medios de comunicación consigan transmitir mensajes que nos hagan pensar más allá de lo que dura un vídeo o la lectura de un artículo. Estamos ciertamente inmunizados contra los grandes dramas.
Así que el ‘riesgo de recesión mundial’ de El País, el ‘crash’ de El Mundo, el ‘hundimiento’ de ABC o el ‘derrumbe’ de La Vanguardia no me impresionan. Pero un faldón de apoyo en la página 10 de El Mundo sí lo hace; Bernat Soria ha dicho que “extremará” la vigilancia sobre la salud mental de los españoles, “debido a la crisis económica”. ¡Ojo!
No hace falta entender de números para ver que poco a poco, todo nuestro entorno se está configurando alrededor de este fin del mundo, que las barras del dólar ($) se han tornado un aspa y que ‘pobre niño rico’ es algo más que una canción. Pero sí hace falta leer mucho para conseguir entender por qué está pasando todo esto.
Yo recomiendo a todo el mundo ver nuestros informativos. Dani, el jefe de Economía, es un genio simplificando las ideas más complicadas: elimina pedanterías, conceptos de manual y expresiones imposibles y consigue que todos aprendamos Macroeconomía. Y lo que tiene más mérito: nos encanta.
Bien, ahora mismo saldría por la puerta a hurtadillas, me escondería detrás de un coche y me encendería un cigarrillo a escondidas con la convicción de que lo que nadie ve nunca ha pasado. Pero no lo voy a hacer, porque mi batalla contra la adicción ya se ha convertido en mucho más. Lo que empezó siendo un mero reto personal está pasando a ser una de mis grandes causas: convertirme en la persona que quiero ser: alguien tan libre como para vencer tentaciones, tan noble como para no traicionar un compromiso, tan honesta como para no tener que mentir nunca, tan humilde como para aprender más de mis errores que de los de los demás y tan ingenua como para creer que se puede ser así.
Quiero poner a prueba mis principios, mi vida entera, romperme en pedazos y volver a construirme a través de este sacrificio. A partir de hoy, dejar de fumar es un proyecto de vida. El recorrido está siendo costoso, pero espero una recompensa sin precedentes en mi autoestima. Y eso siempre merece la pena.











