Declaración de fe
Tras incontables años de reflexión y la constatación de que PSOE y PP no van a favorecer un cambio en la Ley Electoral e Izquierda Unida va a seguir haciendo el chorra hasta que sucumba he llegado a la conclusión de que tengo una serie de reglas que chocan frontalmente con planteamientos políticos de todo tipo. ¡Toma párrafo!
Con esto quiero decir que no estoy muy seguro de si voy a votar en las próximas elecciones que toquen. Y no por esa falta de ideales e ideas que se nos achacan a los jóvenes, sino porque son los partidos los que han dejado de ofrecer ideas y cambios y se han centrado en vender imágenes (pese a que nunca dos partidos fueron iguales y siempre, entre varios males, hubo alguno peor).
Mi partido ideal defendería una serie de cuestiones básicas que, sin embargo, a veces resultan tan políticamente incorrectas que nadie se atreve a tomarlas. Ahí van algunas:
- No somos iguales: la igualdad es una farsa. Si fuéramos iguales resultaría totalmente inconcebible el hecho de que determinados makokis al volante merezcan la muerte o el que un soplagaitas sin identificar ponga la música a todo trapo a diario en la calle Ferrocarril. Sin embargo ahora parece que bajo la excusa de la malinterpretada igualdad todo cristo puede llegar a cualquier parte y ser cualquier cosa, lo que favorece el que nuestras vidas se hayan visto invadidas por multitud de mindundis que deberían ser encerrados de por vida con una manada de mandriles de culillo pelao como única compañía.
- Pero debemos tener igualdad de oportundiades: eh aquí el quid. No somos iguales, pero debemos suprimir todas las barreras económicas existentes a la hora de pelear por un puesto de trabajo o una plaza en la universidad. También hay que acabar con las barreras que ofrecen los favoritismos y las relaciones de clientela y esas cosas. Frente a esto habría que reforzar otro tipo de barreras, como por ejemplo las cribas a la hora de obtener una licenciatura (muchos lo pensamos pero pocos lo dicen: el 75% de los universitarios no merecen estar donde están) o al conseguir un trabajo determinado, del tipo que sea.
- Libertad real: y cuando digo real quiero decir real. Ni sometidos a ningún hombre, ni a ningún dios, ni a ningún tipo de estructura mercantil del tipo que sea. Tampoco a un todopoderoso Estado o, en su defecto, a un Estado compuesto de entes acongojados ante la posibilidad de ofender al fanático de turno y perder un puñado de votos decisivos.
Iba a seguir pero me temo que todo lo anterior ya es mucho y un imposible, ya que cada ideología política se adhiere a alguna de las ideas anteriores. Pero no a todas.
Al final va a tocar ir por libre, hacerse eremita y echarse al monte.