Cosas que (a lo mejor) no sabías sobre Sitges, 1
El domingo mientras me comía un riquísimo yogur “orgánico” con fresas del Starbucks, decidí escribir una lista con las pequeñas cosas que había aprendido del festival, que al final son las más valiosas. Aquí van algunas.
-Ir como público a Sitges sale un poco (bastante) caro. Las entradas cuestan lo mismo que en un cine normal, 8 euros (aunque también es verdad que había bonos de descuento para ver 10 ó 20 pelis). Además, los precios en la ciudad no son aptos para becarios -sobre todo teniedo en cuenta las 1400 pesetas que me pedían en la farmacia del pueblo por la pasta de dientes-.
-Sólo se proyecta un anuncio antes de las películas. En él, aparece un licántropo que se levanta de la cama y se arregla a conciencia: se afeita la cara, se corta las uñas, se depila los brazos y se lima los colmillos mientras suenaAll the young dudes. Después se marcha al cine acompañado de su novia, que tiene los ojos de una gata con sobredosis de cocaína. Unas letras dejan claro el mensaje: Los fans de Sitges no son como los de otros festivales (aquí siempre aplaudíamos, en un sentido homenaje a nosotros mismos).
-Los subtítulos no están en la pantalla porque las cintas no los incluyen. En su lugar, hay sendos paneles de LEDS donde se traduce al castellano y al catalán.
-Durante las proyecciones, siempre que hay una muerte, la gente aplaude. Cuanto más brusca es, más aplausos se lleva…
-Y siempre que ocurre lo anterior hay alguien que se mosquea y chista a su alrededor exigiendo silencio.
-Las entregas de premios y las presentaciones de películas en el Auditórium del Hotel Meliá se hacen íntegramente en catalán. El catálogo de películas también está en catalán (no así el súper dossier de prensa, traducido al castellano y al inglés). En las ruedas de prensa se mezcla el castellano y el catalán indistintamente.
-El año que viene el festival homenajeará los 25 años de “Los Cazafantasmas” y los 30 de “Alien”.
-El público no es tan friki como me imaginaba. No vi a nadie disfrazado de ningún personaje (exceptuando el día de la marcha zombi, pero aquello estaba organizado). La mayoría de la gente peculiar llevaba el traje de moderno: gafas gigantes, sombrero y adorno alrededor del cuello; o el uniforme oficial de persona que se dedica al cine: gafas de pasta negras, pantalones negros y camiseta negra con motivo opcional de peli de los setenta.
Mañana sigo, que si no me queda un post muy largo y me añaden etiquetas en plan “pesada” o “súper-conciso”…











