Cocinar en Florencia
Es uno de los temas más difíciles para algunos y de los más placenteros para otros. Es cierto que cuando vamos al supermercado (bendito Esselunga) no encontramos muchos de los productos que en España te encuentras al girar en cada esquina, pero, al menos, Italia tiene aceite de oliva y eso se agradece.
El mayor problema, hasta ahora, lo encontramos con el chorizo. Sí, con el chorizo. Faltan muchas otras cosas, pero no se sabe cuánto se puede echar de menos una cosa tan estúpida como el chorizo hasta que llegas a Florencia. No, no nos quejamos de que aquí no tengan charcutería, la tienen y muy cara. Pero el problema es que todos los chorizos que encontramos (por ahora, porque parece que la investigación en supermercados y pequeños comercios está dando sus frutos) son picantes. Sí, se puede comer, pero si tenemos en cuenta que muchas veces, por no decir siempre, cenamos con un vinito toscano, al final de la noche el nivel de alcohol en sangre puede ser demasiado elevado como para coger la bicicleta y volver a casa.
Las recetas españolas afloran cuando salimos al extranjero. La madre de uno le ha dicho como hacer los pimientos rellenos; el valenciano no quiere regresar a casa por Navidad sin haber hecho una paella; el nostálgico quiere comerse unas lentejas de su madre… y, así, van surgiendo platos que retrasan un poco las ganas de salir corriendo a España a alimentarnos con potajes, verduras, guisos, carnes… ¡vaya hambre me está entrando!
Lo que también está triunfando en estas latitudes son las páginas web de recetas. Ahora, cada uno pone de su parte para comentar recetas que ha visto por Internet, esperando que alguno la lea y se anime a cocinarla. Es la indirecta más sutil que he visto en mucho tiempo. Yo, por mi parte, estoy recomendando elCocinillas, por eso de la amistad con el autor, pero no sé por qué, la gente se tira más hacia la parte de los cocktails. ¿Será la Erasmus?











