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Si hay algo que demuestre que en España el catolicismo se está yendo al carajo es el hecho de que los obispos anden preocupados por el descenso en el índice de bautismos y por la asistencia a clase. Digo a misa.
En una de sus últimas reuniones los jerarcas han manifestado su preocupación porque España esté alejándose del camino del Evangelio y, como aquí no consiguen encontrar jóvenes dispuestos a enarbolar la bandera del catolicismo (brigadas católicas y esas vainas aparte) han decidido acudir al extranjero en busca de misioneros que nos devuelvan al redil.
Es lógico, después de todo. Aquí, el que más y el que menos ya sabe de qué va todo esto de la Iglesia, por lo que desde hace algunos años venimos observando cómo los jerarcas acuden a países menos desarrollados para conseguir "vocaciones".
Ahora resulta complicado ver una monja española de buen ver como en el siglo XVI, pero sí que hay alguna jovencita captada en algún país de Sudamérica que pulula por el convento. O un seminarista de Ecuador sonriente que cree todavía en la grandeza de la Iglesia.
Sin embargo en aquellas tierras de las que traerán misioneros para convertirnos la Iglesia sostiene una lucha a muerte con otras conversiones en plan telepredicador y similar. Lo tiene crudo, Rouco, si pone todas sus esperanzas en ese caldo.
Si yo fuera el jefe de toda esta gente de bien me iría a Murcia, donde tengo entendido que hay una gente simpática que va por los bares un sábado noche pidiendo a gritos arrepentimiento masivo.
Tenía que ser allí, manda narices.
Blog de Sociedad