Brasileños por el mundo
Desde que en la década de los noventa se ampliara el número de extranjeros por equipo, hemos asistido a un sinfín de rebeldías, renuncios, posiciones de fuerza y desprecio por parte de algunos jugadores brasileños.
Es cierto que en este globalizado mundo del fútbol, las fronteras están tan abiertas como en la realidad. Pero hay límites. Rivaldo –dejando plantado al Depor a una hora del cierre del plazo-; Ronaldinho –con su falta de profesionalidad-; Romario –sus continúas fiestas en Valencia-; o Ronaldo –un largo historial de ¿lesiones?- han provocado que el aficionado esté renunciando a ilusionarse con los verdaderos magos de este deporte.
Si bien es cierto que ha habido casos contrarios, Mauro Silva, Kaká, Roberto Carlos… lo cierto es que habría que pedir más compromiso a los herederos de Pelé. No se pueden revisar sus fichas cada medio año, ni se puede estar amenazando con supuestas ofertas de otros clubes. Si se quiere respeto, la mejor manera de ganarlo es el campo.
Muchos entrenadores siempre han sido fieles a esta teoría: “Dame antes a tres argentinos que me hagan equipo, que a un brasileño que me gane partidos y me destroce la convivencia”. Frase para analizar, pero que hoy en día va ganando adeptos. La continua fuga de talentos de Brasil está teniendo su lado positivo, pero la falta de respeto a los clubes por parte de los futbolistas –o más bien, sus representantes-, puede provocar que esa corriente se invierta, y las playas de Río, dejen de producir malabaristas.











