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Tengo un puñado de libros especiales. Están firmados por sus autores. De la M de Claudio Magris a la S de José Luis Sampedro. Me recuerdan voces y sonrisas entrevistas. Son especiales para mí, pero no son únicos. Esa cualidad sólo la tiene uno de mis libros: no está firmado por un autor, sino por uno de sus personajes.
Es un ejemplar de “Las Brigadas Internacionales”, de Jacques Delpierre de Bayac, publicado por Júcar en 1980. Tiene la tapa débil y el lomo arrugado. Lo compré en Moyano de saldo, pero en su primera página tiene una firma que lo hace único y le da un valor incalculable. Dejemos el precio para los tenderos.
A un grafólogo le encantaría la firma. Se preguntaría por qué faltan las dos últimas letras del nombre y le fascinaría la curiosa forma de la W del apellido. Y quizá compararía la letra del personaje con mi anotación manuscrita: “Residencia de Estudiantes, 24 de septiembre de 2001”.
“Salud!”. Es el saludo cargado de ideología de la generación que perdió la Guerra Civil. Le falta el primer signo de exclamación. No es un error. Al fin y al cabo su autor nació en Brooklyn y aunque mi conversación con él fue breve, creo que su español no era mejor que mi mal inglés.
Entre la tapa frágil y la hoja firmada hay un recorte de periódico. Aquí está la vida del personaje, condensada por Jacinto Antón en 6 párrafos llenos de intensidad, con cita de Hemingway incluida:
“Veintitrés años, alto como Lincoln, demacrado como Lincoln y tan valiente y tan buen soldado como cualquiera que comandó batallones en Gettysburg. Está vivo y sin heridas por la misma casualidad que deja en pie a una alta palmera tras el paso de un huracán”
Creo que la referencia de Hemingway a Lincoln es un poco forzada. Al fin y al cabo, escritor y personaje se conocieron en esa guerra que terminó hoy hace 70 años. El escritor cobraba un dineral por cada una de sus crónicas. El personaje era el noveno capitán de una brigada de voluntarios estadounidenses que combatían con la República. Sí, el noveno capitán de la Brigada Lincoln.
Cuando le conocí y le pedí que me firmase el libro, Milton Wolff conservaba todavía esa altura desde la que debió ver siempre el mundo. Lucía una blanca melena y una barba cuidada. Y no dudó en coquetear con las dos periodistas que me acompañaban. Un rato más y liga con ellas.
Wolff murió en enero del año pasado, con 92 años. Pero hoy, cuando volverá a sonar la voz terrible del último parte de guerra, me he acordado de él. De su batalla perdida y de su autógrafo, que mi mal inglés convirtió en la firma del lobo. Salud, capitán Milton!
Hoy, Jesús Ruiz Mantilla, publica un artículo sobre una película de Cartier-Bresson sobre la Brigada Lincoln. En un plano muy corto he creído ver a un jovencísimo Milton Wolff. La película se proyecta el próximo 27 de mayo en la Filmoteca Nacional (la del madrileño cine Doré), pero en en este enlace podéis ver un anticipo: http://www.elpais.com/articulo/cultura/Guerra/Civil/Cartier-Bresson/elpepicul/20100514elpepicul_1/Tes
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Estuve en la cárcel de profe, he sido locutor de radio, mecanógrafo de niños ricos, chico para todo en la mejor librería de cine de España, concursante afortunado, escritor de audioguías... Soy así: me preguntan quién soy y digo lo que hago. Vuelvo a ser periodista, aunque ahora estoy rodeado de cifras e índices, de periódicos naranjas que nadie me roba. En ese viaje siempre he estado rodeado de libros. Los amo, los odio y, a veces, los leo. CORREO: jarmada@snoticias.tv
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