Al final, el verano se hizo corto
La pasada Liga, triunfante para el Real Madrid, concluyó en el mes de mayo. En aquella época, por los despachos del club se oían frases como: “Tenemos tiempo suficiente para reforzar al equipo”, “no habrá prisas como en años anteriores”, ó “la planificación no fallará”. Por desgracia, el capítulo, como en el año de Capello o el primero de Schuster, se repitió para enfado (con razón) y pesimismo de los madridistas.
Se aceleró la contratación de Van der Vaart por la lesión de Wesley Sneijder. Vale, cromo por cromo. Se marchó Soldado –sin saber lo que podía dar de sí-; se fue Baptista –con apenas diez partidos como titular-; y acabó diciendo adiós Robinho –nada más que alegar-.
Y nadie ha venido a reforzar esas posiciones porque los respescados, Rubén de la Red y Javi García, que ya veremos sí cuentan o no para el alemán, son medidas cautelares para posiciones más retrasadas.
El panorama es desolador. Schuster se ha quedado hasta sin ¡¡tres piezas!! para, supuestamente, pelear por cotas mayores en la Copa de Europa. Como diría aquel, ¡estamos locos! Parece que sí.
El Real Madrid vive, por primera vez en su histórica trayectoria, un cambio de tendencia. Ahora, es un club vendedor. Malo para la institución. Sin duda, en el mercado de invierno veremos como se mueven Mijatovic y compañía, no les queda otra. Y ojo, porque hasta ese mes de diciembre, la competición y más con el grupo de la muerte que ha tocado en suerte en la Champions, puede hacerse más dura que la subida al Angliru.











