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Ha ocurrido. Tarde pero ha ocurrido. Losantos abandona la COPE definitivamente.
El próximo mes de agosto, coincidiendo con la finalización de la presente temporada radiofónica, el polémico locutor copeliano (pronto ex copeliano) dejará la cadena de los obispos acompañado de su amigo César Vidal.
La historia, como recordarán, viene de lejos. Con Losantos al frente del programa La Mañana la COPE se hinchó a ganar pasta y a conseguir oyentes que, convertidos en fanáticos, recorrieron los bares y las cenas familiares de España parafraseando al líder caído (lo de caído es un decir, luego lo explico).
Para conocer el principio del fin debemos remontarnos a la victoria socialista en las pasadas elecciones generales. Losantos había pedido el voto para el PP, se había codeado con Rajoy, había atacado con dureza al PSOE por el 11-M y las políticas sociales del Gobierno de Zapatero. Pero, perdida la guerra, Losantos arremetió contra sus antiguos amigos, se enemistó con Rajoy, (a quien a partir de entonces pasó a llamar "maricomplejines"), se alió con Esperanza Aguirre (cuya línea dura, y cuya publicidad, le iban muy bien al 'íntegro' Losantos), pleiteó con Gallardón (y se quedó con el culete al aire cuando lo dejaron en la estacada Acebes, Aguirre y Zaplana y se vio obligado a pagar por sus insultos al alcalde madrileño).
Losantos, sin embargo, resistía. La Conferencia Episcopal parecía decidida a mantenerlo y nada indicaba que Losantos fuera un cadáver, pese a que tanto su cuerpo presente como el de Rajoy aparecían en todas las quinielas tras aquellas elecciones de 2008.
Resistió, rodeado de su círculo de adeptos hasta que la Iglesia decidió hacerle el vacío.
Con la excusa de ofrecerle parte de La Linterna, que conduce César Vidal, los obispos le mandaron un claro mensaje a Losantos: puerta.
La Iglesia no quería cargarse a Losantos para quitarse el halo de institución dura y malvada que se ganó durante la primera legislatura de Zapatero (al fin y al cabo el sucesor de Losantos será Ignacio Villa, según parece, que de suave tiene más bien poco). Tampoco quería eliminar al locutor por una cuestión económica (La Mañana factura lo suyo gracias a la polémica que levanta el locutor).
Lo que quería y quiere la Iglesia es quitarse de encima a un hombre que, utilizado como mercenario puro y duro pese a su falso aire de arcángel vengador, no es que se haya quedado obsoleto, es que ha sobrepasado los límites establecidos cuando empezó a cargar contra sus patrones.
Y es que a Losantos se le fue la mano y, de tanto insultar impunemente a todo cristo, acabó metiéndose con quien no debía: el cardenal de Toledo, Cañizares para los amigos. Aunque en realidad lo de Cañizares vino después, porque con quien primero se metió Losantos fue con el nuncio. Es decir, con el embajador del Papa. Hace unos siglos hoguera segura, vaya.
Del nuncio dijo Losantos que era un "masón", y después dijo de Cañizares (a quien reconoció como enemigo), que sólo le quedaba la "ambición" tras quedar para siempre por debajo de Rocuo.
Todo el tochazo anterior explica, entre otras cosas que supongo se quedarán de momento en el limbo histórico, el que el gran activo copeliano se vaya, definitivamente, al hoyo de cabeza.
No en plan solateras. Su fiel César Vidal ha dejado bien claro que se va con Federico. Ya lo advirtió en su día, como bien señaló El Plural: "Si finalmente echan a Federico yo me voy con él".
¿Y dónde irán? Pues en primer lugar tienen Libertad Digital, una página web que funciona y muy bien. El dinero de El Pocero ayuda. Esperanza Aguirre también. Y haber conseguido una gran cantidad de lectores fieles mucho más.
Otro lugar donde seguirán muy presentes Losantos y Vidal será en la frecuencia concedida por Aguirre a Unión Liberal Radio (creada por Losantos y el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez), que promete convertirse en un antro malsano donde recoger las injurias típicas de Losantos y sus colegas.
¿Tendrá tanto tirón como la COPE? No. Losantos ha dejado de ser un asesino a sueldo a lo grande. Ahora matará para sí y para sus íntimos, entre los que se encuentra Aguirre quien, digan lo que digan quienes lo digan, no es el caballo ganador del PP.
Así que Requiescat in pace. Espero.
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