Ahora sabemos que la tragedia en Myanmar pudo tener otro desenlace. Dos días antes de la llegada del ciclón las autoridades ya sabían el camino de destrucción que iba a seguir.

Ahora es fácil decir que la tragedia hubiera sido menor si se hubieran hecho las cosas con más cabeza, pero en esta ocasión es una verdad soberana. La formación del ciclón no se ha producido de un momento para otro. Dos días antes de que llegará a la costa de Birmania, el trayecto que iba a tener ya estaba descrito en los mapas.
El 27 de abril, con cinco días de antelación, se podía ver, incluso por Internet, como se estaba formando la tormenta. Desde ese día, la Oficina de Nueva Delhi del servicio Meteorológico de la India empezó a emitir boletines con el estado y el crecimiento del ciclón.
Tres días más tarde ya se habían previsto la trayectoria y la intensidad definitiva. Una vez que esto se supo, la Junta Militar y el Gobierno de Birmania fueron los que decidieron no hacer nada con estos avisos. Unas alertas que estuvieron recibiendo hasta el 3 de mayo, cuando la tormenta tornaba a ciclónica intensa (aproximadamente 50 nudos).
Al contrario de lo que las autoridades birmanas hicieron, lo normal hubiera sido llevar a cabo un plan de evacuación y salvar al mayor número de personas afectadas. Todo lo que hubiera servido para evitar esta tragedia, no se hizo y los resultados podemos lamentarlos todos.
Lo que es verdad es que se avisó a la población con dos horas de antelación, un tiempo insuficiente para alejarse de la tragedia que ha sido el tifón Nargis en tierras birmanas.
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