Alberto Zerain, el alpinista español que ascendió el K2 este fin de semana se salvó de la avalancha porque inició la marcha unas horas antes que el resto de expedicionarios.
El K2 ha vuelto a devorar alpinistas. Las últimas informaciones hablan de doce muertos y cuatro desaparecidos.
Una tragedia de la que el español Alberto Zerain pudo escapar gracias a su decisión de coronar la montaña maldita unas horas antes que el resto de expedicionarios.
Decidió atacar el K2 antes de que se hiciera de día, en la madrugada del viernes. El resto esperó a que se hiciera de día. Y una gran avalancha les sorprendió mientras regresaban al campamento base.
Ese fin de semana según The Times of India 22 escaladores de ocho expediciones distintas pretendían pisar la segunda cima más alta del mundo.
El K2 de 8.600 metros de altitud es sólo 240 metros más bajo que el Everest, pero la aventaja en número de tragedias.
Hasta 1954 nadie había consiguido llegar a su cumbre. Fueron dos italianos —Lacedelli y Compagnoni. Para entonces ya se había cobrado la vida de seis montañeros.
Regresar
Lo importante no es la subida. Lo peligroso es regresar de nuevo al campamento base después de coronarla. El desgaste físico que exige su ascenso se suele pagar al tener que desandar sus paredes verticales, sobre todo en la zona conocida como cuello de botella.
El K2 está envuelto por el mal tiempo casi siempre. Los vientos procedentes del sur confluyen con los del norte y la cubren de nuebes. Sólo de vez en cuando se abren pequeñas ventanas de buen tiempo que animan a las expediciones.
A quien madruga…
La noche del viernes el cielo estaba despejado y el español Alberto Zerain salió del campo 3 rumbo a la cumbre. El resto de expediciones optaron por retrasar unas horas a atacar para hacer cumbre a plena luz del día.
Zerain llegó al cuello de botella al amanecer. Quedaban 200 metros para disfrutar de las vistas. A su regreso se cruza por el camino con una expedición de 18 alpinistas de varias nacionalidades. Es mediodía y todavía les queda lo peor.
Zerain consigue llegar al campo 3 hacia las seis de la tarde. El K2 permitía la hazaña del español, pero no iba a ser tan condescendiente con el resto.
Los demás sucumbieron a un alud al poco de iniciar el descenso. Un gran bloque de hielo se desprendió en el cuello de botella, se rompió la cuerda fija y el K2 se tragó a doce de ellos. Cinco murieron en el acto.
Los que se han salvado están en el campamento base en condiciones muy precarias.