Miles deben cruzar cada mañana la frontera para ir a trabajar a Israel. Ocho kilómetros que se convierten en un infierno de inspecciones y cacheos en los que pueden terminar deportados.
06/01/09
Sólo ocho kilómetros separan las ciudades de Belén (Cisjordania) de Jerusalén (Israel), pero recorrerlos todas las mañanas para ir a trabajar a territorio israelí se convierte en una verdadera tortura para los palestinos.
El Check Point 300, por el que deben cruzar la frontera, eleva sus barreras a las cinco de la mañana, pero desde mucho antes los palestinos esperan pacientemente su turno para pasarlo.
Para muchos de ellos el viaje comienza a las tres de la mañana, que es la hora a la que deben levantarse para tratar de llegar a las nueve a sus trabajos, algo que no siempre consiguen.
Pueden estar haciendo cola hasta cuatro horas, pero ellos tienen suerte porque tienen un permiso que les autoriza a trasladarse a Israel por motivos laborales. Sin embargo, un papel no siempre les asegura que llegarán al otro extremo.
Pueden estar en manos de los soldados horas hasta que les permiten salir después de ser desnudados y bien registrados para cerciorarse de que no son terroristas, aunque algunos son deportados a Gaza ante la mínima sospecha.