Barack Obama se ha metido en el bolsillo a los 215.000 alemanes congregados alrededor de la Columna de la Victoria del Tiergarten, el parque berlinés donde se celebra la Loveparade. Es su primera parada europea.
Barack Obama se ha metido en el bolsillo a los 215.000 alemanes congregados en la Siegelsäule, la Columna de la Victoria en el parque Tiergarten.
La mayoría eran jóvenes y querían alimentarse del carisma del primer aspirante de raza negra a presidir la Casablanca.
Fueron 25 minutos muy intensos, llenos de aplausos, en un lugar emblemático, cargado de buenas vibraciones.
Junto a la Siegelsäule se celebra cada verano el Love Parade. Y en ese céntrico parque berlinés ha comenzado a gestarse la obamanía germana.
Era la primera parada europea del candidato demócrata después de viajar a Afganistán, Irak e Israel. Una puesta en escena muy bien escogida. Ronald Reagan y John Fitzgerald Kennedy ya sabían que para conquistar Europa hay que comenzar por Berlín.
En su discurso Barack Obama ha hilvanado una petición de hermandad entre Europa y Estados Unidos para llevar la estabilidad a Afganistán y confrontar otras amenazas, desde el cambio climático hasta la proliferación nuclear.
Obama, consciente del distanciamiento entre Europa y Estados Unidos, sobre todo en lo relativo a política exterior, ha insistido en fomentar la cooperación entre ambas potencias. "Esto no es una elección, sino la única forma para avanzar". Este mensaje ha sido televisado en directo por varias cadenas alemanas, tanto públicas como privadas.
Derribar los muros del siglo XXI
Barack quería dejar claro a la vieja Europa que “no podemos estar divididos”. Según el demócrata, "el mayor peligro de todos es permitir que nuevos muros nos dividan". "Hay que derribar los nuevos muros que se han erigido desde la Guerra Fría, los muros contra inmigrantes o entre musulmanes, judíos y cristianos".
"Ahora es el momento de construir nuevos puentes a los largo del planeta, tan fuertes como el que nos une a través del Atlántico", es su propuesta.
La guerra, un asunto delicado
Hace tiempo que Washington reclama más compromiso a Berlín en Afganistán, pero Ángela Merkel ha hecho oídos sordos. Se niega a enviar más tropas, así como a desplegar al conflictivo sur a algunos de los 3.500 soldados que mantiene en el seguro norte.
Consciente de que la sociedad alemana es alérgica a las guerras, Obama ha sabido llevarse el gato al agua: "Nadie quiere guerras. Reconozco que hay enormes dificultades en Afganistán. Pero mi país y el vuestro han apostado para que la primera misión de la OTAN fuera de las fronteras europeas sea un éxito".
"Para la gente de Afganistán, y por nuestra propia seguridad, se debe completar el trabajo. Estados Unidos no puede hacer esto solo", ha dicho.
Los asistentes a éste discurso arrancaron en aplausos varias veces. Aunque la prensa alemana como el rotativo die Welt ya advertía del populismo de Obama, éste ha sabido cautivar a los berlineses.
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