Demasiado ha dado de sí el "coñazo" de Rajoy como para dejar que, durante el desfile, se le escapara la más mínima mueca o gesto de aburrimiento o somnolencia. ¡Eso sí que es aguantar el tipo!
JUAN CARLOS VÉLEZ
"Mala pata" y "desafortunado desliz" es la valoración y la "manita" que le echa el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, al líder de la oposición, Mariano Rajoy por su metedura de pata. No es, desde luego, la más original de las valoraciones. ¿Alguien no había pensado lo mismo?
Reconoce González Pons que, en realidad se refería a sus ganas de pasar el día con su familia y no en el desfile y que, de haberle ocurrido a Zapatero, estarían poco menos que fusilándolo desde sus filas. Éste es el entretenidísimo juego de la política que tan bien casa con los registros del humor. No sabemos si, como Wyoming, Rajoy se grabará el desfile "para verlo una y otra vez", pero de hacerlo y mirarse a sí mismo, descubriría el más serio de sus semblantes, el más inmóvil y menos expresivo de cuantos es capaz de articular. Más tenso que las cuerdas de una guitarra.
Dando la cara
Imagínense, bastante tuvo con el desliz del "coñazo" como para que se le escapara un bostezo, o un resoplido. ¡Con lo dificil que es evitar un bostezo! "Bastante ha tenido - como dice González Pons - con acudir al desfile y pasar toda la mañana allí".
Eso sí, la posterior recepción en el Palacio Real, sin cámaras y sin micrófonos, les habrá servido a más de uno para relajarse y liberar tensiones entre colegas, donde sí que se puede hablar de "coñazo", bostezar e incluso desperezarse. Pero a micro abierto, en una interparlamentaria... sólo se puede "liarla parda".
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