Al menos 80.000 personas han perdido la vida sólo en el distrito birmano de Labutta, en el extremo sur del país, a causa del ciclón tropical Nargis.
AGENCIAS
El Gobierno no ha confirmado oficialmente el dato revelado por un miembro de la Junta militar y continúa ocultando a la población la auténtica magnitud del desastre. Hasta el momento, el régimen ha admitido sólo 22.980 muertos, 42.119 desaparecidos, 1.383 heridos y más de un millón de damnificados, aunque la Embajada de Estados Unidos sostiene que la cifra de fallecidos podría ser superior a los 100.000.
Tin Win, un portavoz del régimen militar en Labutta, ha dicho que la mayoría de las 63 aldeas que rodean a la capital del distrito están totalmente anegadas. Esta zona padeció el mayor impacto del tifón que asoló el pasado sábado Birmania.
Las mayores amenazas para los damnificados son en estos momentos las enfermedades, la escasez de alimentos y la falta de agua potable.
El ciclón ha arrasado las zonas donde se hallan más de dos tercios de los cultivos y se prevé que el país, antaño el mayor productor de arroz del Sudeste Asiático, sufrirá una grave carencia de grano tras la tragedia, que causará una todavía mayor escasez de alimentos para los 53 millones de birmanos, la mitad de los cuales vive por debajo del umbral de la pobreza.
Las buenas noticias para los birmanos es que ha llegado el primer gran cargamento de material de emergencia para las víctimas del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, aunque las agencias humanitarias todavía se quejan de la lentitud de las autoridades birmanas en tramitar los visados para su personal.
Quienes han logrado entrar informan de montañas de cuerpos sin vida y destacan la desesperación de los supervivientes. En el delta del Irrawaddy, el hambre comienza a tornarse en desesperación y se han producido enfrentamientos por acceder a la ayuda internacional.
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