Si no llegan los contingentes de la ayuda internacional a Myanmar, el número de fallecidos puede multiplicarse sólo con las consecuencias del ciclón.
AGENCIAS
Los supervivientes desesperados pedían ayuda el jueves, casi una semana después de que unas 100.000 personas se teme que murieran por el paso del ciclón Nargis, y la presión aumenta sobre la junta militar de Myanmar para que abra las puertas a una operación internacional de ayuda.
Estados Unidos estaba esperando la aprobación de las autoridades de la antigua Birmania para comenzar los vuelos militares de ayuda, pero la agencia de alimentación de la ONU y la Cruz Roja dijeron que ya han comenzado a llevar suministros por vía aérea tras la lenta reacción de los generales.
El embajador estadounidense Eric John declaró en una rueda de prensa en Bangkok que Estados Unidos y Tailandia creían que Myanmar había permitido la llegada de un avión de transporte estadounidense con suministros, pero que resultó ser prematuro.
"No tenemos permiso todavía para que entre el C-130, pero pongo el énfasis en el 'todavía'", afirmó.
La aprobación para ese vuelo sería muy significativo, debido a la enorme desconfianza y resentimiento entre los generales birmanos y Washington, que ha impuesto duras sanciones para intentar acabar con 46 años de régimen militar en la antigua colonia británica.
La ayuda internacional apenas ha conseguido entrar en uno de los países más pobres del mundo, aunque los expertos temen que sea demasiado poca y demasiado tarde para hacer frente a las secuelas del Nargis, que además ha dejado un millón de personas sin hogar.
Varios testigos han visto pocas pruebas del esfuerzo internacional en la zona del delta del Irrawaddy, al sur del país y la más golpeada por el paso del ciclón.
"Moriremos de hambre si no nos envían nada", dijo Zaw Win, un pescador de 32 años que tuvo que sortear cadáveres flotando para encontrar un barco con el que hacer el trayecto de dos horas a Bogalay, un pueblo donde el Gobierno dice que 10.000 personas han muerto.
No aumentan los muertos oficiales
La tormenta pulverizó el delta el sábado con vientos de 190 kilómetros por hora seguidos de una enorme ola de varios metros que causó la mayoría de las víctimas mortales y los daños, destruyendo varios pueblos. Es el peor ciclón que sacude Asia desde 1991, cuando 143.000 personas murieron en el vecino Bangladesh.
Los medios estatales siguen dando un balance de 22.980 muertos y 42.119 desaparecidos, pero diplomáticos y expertos en desastres han dicho que la cifra real será mucho mayor.
Responsables de la ONU que se habían quejado de los obstáculos puestos por los generales, dijeron que media docena de aviones de transporte han podido aterrizar en el aeropuerto de la antigua capital, Yangón.
Los militares birmanos han sido tradicionalmente suspicaces con el mundo exterior, por lo que están dudando si permitir lo que sería la mayor presencia internacional en el país desde hace décadas para ayudar a atender a un importante porcentaje de su población.
Algunos oponentes acusan a la junta de andarse con rodeos porque no quiere una entrada de extranjeros durante el referéndum que se celebrará el sábado en las zonas no afectadas por el ciclón sobre una constitución que han redactado los militares con el ánimo de reforzar su control sobre el poder.
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