La iglesia roja ha querido ayudar a los vecinos de la Cañada Real que se quedaron sin hogar tras ser derribado su poblado dando cobijo a varias familias.
Entre el pan y el vino sagrados también se pueden ver fogones y platos de comida, y entre el altar y los bancos, colchones y pañales. Es la iglesia de San Carlos Borromeo, más conocida como la ‘iglesia roja’, en la que ahora viven cinco familias.
Las excavadoras derribaron los muros bajo los que vivían en el poblado de la Cañada Real y Javier Baeza les abrió las puertas de su parroquia. Allí conviven como pueden once adultos y cinco niños, colaboran unos con otros para salir adelante, porque confían en que antes o después conseguirán una casa. Sus sueldos, del sector de la construcción, no son suficientes para avalar un alquiler y de esto también se ha hecho cargo la parroquia.
Habrían acabado en la calle de no ser por Baeza, el ángel que les ha salvado de acabar en la calle. Porque para ellos no había ninguna otra posibilidad, ni siquiera volver a su país hubiera supuesto un alivio económico, porque la crisis también ha travesado océanos.
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