Los representantes de los veintiséis países de la OTAN comienzan hoy, en la capital rumana, una cumbre en la que tratarán de decidir sobre una nueva ampliación de la Alianza y adaptar la estrategia de su misión en Afganistán.
El primero en llegar, procedente de Kiev, donde ayer volvió a reiterar su apoyo al ingreso futuro de Ucrania en la OTAN, ha sido el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien asiste a su última cumbre aliada.
La cumbre de Bucarest, la más grande en la historia de la OTAN por el número de jefes de estado o gobierno que participarán (más de medio centenar), marcará una nueva etapa en la expansión europea de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
En contra de lo que suele ser normal, la decisión sobre la ampliación no viene cerrada de antemano. Hasta la cena de líderes de esta noche o la sesión formal del Consejo no se sabrá cuántos de los actuales candidatos balcánicos -Croacia, Macedonia y Albania- serán invitados a adherirse a esta organización político-militar, que en 2009 conmemorará su 60 aniversario.
Estrategia en Afganistán
El jueves, los Aliados tienen previsto adoptar una revisión de su estrategia en Afganistán,donde la resistencia talibán sigue dificultando la misión de la fuerza internacional para la seguridad (ISAF) al mando de la OTAN.
Al menos diez países tienen previsto anunciar durante la cumbre el envío de más soldados, para aliviar la situación de los aliados que combaten a la guerrilla en el sur y este del país.
La OTAN pedirá a sus miembros que asuman mayores compromisos en Afganistán, como parte de la nueva estrategia consistente en acelerar la transición de poderes al ejército y la policía afganas.
La Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) en la actualidad cuenta con unos 47.000 soldados de casi cuarenta países, entre ellos los 26 miembros de la Alianza. Y según los cálculos estratégicos de la OTAN, faltarían aún otros 7.000 efectivos, además de medios logísticos y de inteligencia.
España no se plantea mover del oeste a sus 690 efectivos, situados en la base de Herat (FSB), la Unidad de Reconstrucción Provincial (PRT) en Qala i Naw, además de en Manás (una base norteamericana en Kirguizistán) y en Kabul.
Sin embargo, cabe la posibilidad de que España se comprometa a destinar algún equipo de enlace e instrucción operativa (OMLT, en sus siglas en inglés).
Por otra parte, dentro del paquete de la ampliación, los líderes de la OTAN también pretenden decidir un reforzamiento paralelo de sus relaciones con Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Serbia.
Los tres forman parte de la llamada Asociación para la Paz, primer peldaño en el proceso de acercamiento a la OTAN, y a los tres se les querría aupar a un segundo escalón, ofreciéndoles el llamado 'diálogo intensificado', pero las relaciones con Serbia se encuentran casi completamente congeladas desde que Kosovo se proclamó independiente.
Ucrania y Georgia, a las puertas
Dos países que ya gozan de ese 'diálogo intensificado' con la OTAN y de los que se hablará mucho en Bucarest son Ucrania y Georgia.
Las dos repúblicas ex soviéticas aspiran a ingresar en la Alianza y esperan de la cumbre que apruebe sendos 'planes de acción' de cara a la adhesión, como los que han tenido Croacia, Albania y Macedonia.
Pero, pese a las presiones que está ejerciendo en su favor el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y al apoyo de nuevos aliados como Polonia, no habrá 'planes de acción' para Ucrania y Georgia por el momento, según vaticinan fuentes aliadas.
La canciller alemana, Ángela Merkel, y otros gobiernos occidentales, entre ellos el español, creen que éste no es el mejor momento para satisfacer las demandas de Kiev y Tiflis.
Se alega la división interna en el primer caso y la existencia de 'conflictos congelados' en el segundo, pero el verdadero temor es la repercusión que el gesto puede tener en las relaciones con Moscú.
La OTAN y Rusia han acumulado las divergencias en los últimos tiempos -sobre Kosovo, la defensa antimisiles y el Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa, por ejemplo- y los 'veteranos' de la Alianza no quieren echar más leña al fuego.