Después de ser investido como presidente de Zimbabue, Mugabe ha viajado a Egipto para participar en la cumbre de la Unión Africana donde se demostrará si el continente sigue callado frente a la farsa democrática del gobernante.

El candidato único de las elecciones de Zimbabue y presidente del país desde hace 28 años, Robert Mugabe, asumió el domingo, por sexta vez, un nuevo periodo de cinco años como máximo mandatario del país.
"Yo, Robert Mugabe, juro que serviré como presidente, con la gracia de Dios", dijo el gobernante, que cree que su labor y su presencia en el poder tienen origen divino al estilo de los antiguos, o no tan antiguos, caudillos.
La ex colonia británica volverá a estar en manos de un presidente que no respeta los Derechos Humanos y que utiliza toda clase de artimañas para deshacerse de cualquier tipo de oposición. Además, Mugabe es un experto hipócrita que invita a su investidura al principal y único líder opositor, Morgan Tsvangirai, después de haberle perseguido, detenido y obligado a refugiarse en la embajada de los Países Bajos.
El presidente, que ya tiene 84 años y lleva en el poder desde que su país se independizó de Reino Unido en 1980, juró su cargo en un acto rápido que le permitiese viajar sin demora a Egipto donde se reúne la Unión Africana.
Mugabe ha logrado ser investido presidente después de una rotunda victoria -85,51 por ciento de los votos- en la segunda vuelta de las elecciones de Zimbabue en las que el Movimiento por el Cambio Democrático, partido opositor, decidiese retirarse debido a la ola de violencia auspiciada por el presidente.
En la primera fase de estos comicios, el 29 de marzo, Mugabe fue derrotado por Tsvangirai pero la Comisión Electoral de Zimbabue (ZEC) tardó cinco semanas en hacer públicos los resultados. Ahora, cuando la victoria apunta al presidente, apenas se han empleado 48 horas en el recuento.
La ONU no le reconoce
El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, ha expresado en un comunicado que el resultado de las recientes elecciones de Zimbabue "no ha reflejado la real voluntad del pueblo zimbabuense ni ha dado un resultado legítimo".
Ban ha afirmado, además, que “no se daban las condiciones para una elección libre y equitativa" en Zimbabue.
Sanciones para un país con elecciones ilegítimas
Poco después de que Mugabe fuese declarado vencedor de las elecciones, el Gobierno canadiense anunció que impondría, “de forma inmediata”, sanciones contra Zimbabue. Además, Canadá afirmó que no reconoce la legitimidad de la victoria de Mugabe, en la misma línea que el Secretario General de la ONU.
“El uso sistemático por parte del Gobierno de Zimbabue de violencia e intimidación representa una grave violación de los derechos humanos y los principios democráticos”, dijo a través de un comunicado el ministro de Asuntos Exteriores canadiense, David Emerson.
“Canadá no considera los resultados de la elección del 27 de junio, bajo ningún estándar de democracia, como un resultado creíble. Esta 'elección' es ilegítima y no será aceptada por el Gobierno de Canadá”, añadió Emerson.
Las autoridades de Ottawa señalaron que pondrán en marcha “una serie de medidas para restringir severamente sus relaciones con el Gobierno de Zimbabue y para enviar un mensaje de solidaridad al pueblo de Zimbabue”.
Ottawa impedirá, entre otras cosas, que aviones registrados en Zimbabue aterricen o vuelen sobre Canadá y animará a las compañías canadienses a que eliminen sus inversiones en el país africano.
Estados Unidos y Europa también anuncian sanciones
El presidente estadounidense, George W. Bush, anunció nuevas sanciones "contra el gobierno ilegítimo de Zimbabue y aquellos que lo apoyan". Estados Unidos también "hará presión" para que la ONU reaccione. En particular pedirá que se lleve a cabo desde Naciones Unidas "un embargo de armas y prohibición de viaje para los responsables del régimen", dijo.
Washington y la Unión Europea (UE), ya adoptaron sanciones contra Mugabe y su entorno tras su polémica reelección en el 2002.
El mayor apoyo de Mugabe
En el otro lado de la balanza están algunos países concretos como Sudáfrica. Estados Unidos y sus aliados europeos presionaron para obtener un texto en el Consejo de Seguridad de la ONU en el que quedara patente que los resultados no podían tener "ni credibilidad ni legitimidad".
Sin embargo, Sudáfrica, encargada de mediar en la crisis, miembro del Consejo de Seguridad y poco amiga de criticar a su vecino, se opuso. Esto provocó que el Consejo sólo se limitase a estimar que "no se reunían las condiciones de una elección libre y justa".
Muy decepcionado, el Movimiento para el Cambio Democrático (MCD) cargó contra el presidente sudafricano, Thabo Mbeki, por "abandonar a mucha gente en Zimbabue actuando como si protegiera a un Estado paria".
"En lo que nos concierne, pese a que estamos descontentos con el papel de Mbeki, los Estados miembros de la SADC (Comunidad de Desarrollo del África Austral) todavía consideran al presidente Mbeki como mediador", declaró el portavoz del MDC, George Sibotshiwe.
"Estamos dispuestos a llegar a un acuerdo y a aceptar a un mediador de la SADC pero con el apoyo de un enviado permanente designado por la Unión Africana", agregó Sibotshiwe, en declaraciones a la radio pública.
Por eso, la oposición zimbabuense pidió a la Unión Africana (UA) que nombrase a un enviado permanente que participe en la misión de mediación en Zimbabue junto al presidente surafricano.
En esta misma línea, la vicepresidenta del MCD, Thokozani Khupe, afirmó que sería un insulto para el pueblo de Zimbabue que la UA acogiera favorablemente la toma de posesión de Mugabe en la cumbre de jefes de Estado en Sharm el Sheij, Egipto.
Khupe indicó también que ha mantenido conversaciones "fructíferas" con cargos de otros países africanos que asistirán a la cumbre. Deben hablar para "salvar Zimbabue", dijo. "Deberían decirle [a Mugabe] simplemente: 'no le reconocemos como presidente de Zimbabue. Vuelva a su país, siéntese con sus colegas y asegúrese de discutir al menos la cuestión para que el país avance'", agregó.
El papel de la Unión Africana
Robert Mugabe tendrá que enfrentarse en Egipto a sus detractores. Algunos asistentes a la cumbre de la UA se han posicionado claramente contra el gobierno de Mugabe y barajan la posibilidad de emprender sanciones autorizadas por la ONU y el embargo de armas al país.
Sin embargo, no parece que la UA esté dispuesta a apoyar estas peticiones, sino que pretende favorecer una transición de reparto de poder al estilo de la que está teniendo lugar en Kenia.
Precisamente, Kenia es el país más opuesto a Mugabe. El primer ministro keniano, Raila Odinga, aseguró que la UA debería desplegar soldados en Zimbabue. "Lo que está pasando en Zimbabue es una pena y una vergüenza para África a los ojos de la comunidad internacional y debe denunciarse", explicó.
Por su parte, el primer ministro etíope, Meles Zenawi, cree que es importante que ambas partes hablen, aunque piensa que es demasiado pronto para hablar de fuerzas de paz extranjeras en Zimbabue. "Tiene que haber algún tipo de negociación entre las partes y si no, el resultado será la polarización porque no puede haber una solución que se sostenga con el liderazgo de sólo una de las dos partes", zanjó.
Su homólogo de Yibuti, Mahamud Ali Yusuf, instó a que África contribuya a evitar una guerra civil en Zimbabue.