El este europeo está sufriendo las consecuencias de la guerra del gas entre Rusia y Ucrania por la falta de reservas de carburante y la ola de frío.
En conjunto, los países de la UE importan el 60% de su consumo de gas y de ese porcentaje el 42% proviene de Rusia. La guerra entre Rusia y Urania ya la han empezado a notar en países como Bulgaria, donde más de 2.500 hogares están sin calefacción desde este martes, en medio de gélidas temperaturas bajo cero, a causa del corte total de los suministros.
Así lo informó esta tarde la radio nacional búlgara BNR y otros medios del país, según los cuales el suministro de calefacción cayó a la mitad en la capital, Sofía.
Las entregas de gas natural del gigante ruso Gazprom que pasan por Ucrania hacia Bulgaria quedaron interrumpidas, como también ha ocurrido en Grecia, Macedonia y Turquía.
Este último, sin embargo, no sufre una situación tan acuciante, ya que también tiene oleoductos que conectan directamente con Rusia y continúan operando al nivel normal.
En Croacia, tras el corte total de los suministros de gas natural provenientes de Rusia que se produjo de madrugada, han vuelto a recibir en las últimas horas el 20% de la cantidad habitual. Este país cubre el 60% de sus necesidades de gas natural con fuentes propias y el resto lo importa de Rusia.
La situación podría empeorar si descendemos a Bosnia-Herzegovina, donde se detectó esta tarde el corte total y la compañía de distribución del gas advirtió del riesgo de una "catástrofe humanitaria" si la situación "dura mucho".
Un 90% se redujo el suministro de gas en Eslovenia, donde la situación ha mejorado más tarde, y en Austria, donde el 51% del combistuble que reciben es ruso. A pesar de esta "limitación significativa" del gas natural procedente de Rusia, el abastecimiento por el momento está garantizado si las condiciones climáticas y de consumo no varían.
En Rumanía se redujo esta mañana un 70%, al interrumpirse por completo el flujo por el gasoducto Isaccea 2, en la frontera con Ucrania, según informó el Gobierno, que asegura que la situación se mantiene bajo control.
El gas ruso supone el 75% del consumo checo, que tampoco se ha escapado de sufrir las restricciones, como otros países como Estonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia, Rumanía o los más próximos a España, Italia y Alemania.
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