Fuegos artificiales, luces y canciones para recordar demostraban los demócratas que con Obama todo en Estados Unidos puede ser perfecto.
En el día en que el ya candidato demócrata oficial se iba a dirigir a sus seguidores nada podía fallar. Todo estaba estudiado, hasta el último detalle estaba milimétricamente preparado para que el espectáculo estuviera a la altura de lo que el público esperaba.
Obama hacía entrada en el escenario del Invesco High Mile de Denver como si ya fuera el presidente de los Estados Unidos. De una Casa Blanca de cartón piedra y junto a su esposa y sus dos hijas, como si fueran la familia ideal, saludaban a un pabellón entregado a su líder.
Con una ovación que duró diez minutos quisieron demostrar que él es quien debe dirigir los Estados Unidos. Al ritmo de canciones míticas de U2 y con banderas estadounidenses ondeando en todo el recinto, el candidato del cambio inició un discurso en el que tenía perfectamente estudiadas las pausas y los cambios de cámara para que todo fuese lo más perfecto posible.
Y es que fue una noche de emociones en la que no se desperdició ni un instante para mostrar la unidad demócrata. No hay color, ni raza, ni origen, todos son uno, y ese es Obama.
Hasta un espectáculo de fuegos artificiales y confeti por doquier que culminaban un encuentro mítico en el que también hubo hueco para su compañero de carrera, Joe Biden, quien estará a su lado para hacer real el verdadero sueño americano.