Hitler, Pinochet o Mussolini compartÃan algo más que afán por la dominación. El tamaño más pequeño de alguno de sus genes podrÃa haber sido el causante del dolor que provocaron.

El actor Helge Schneider, durante el rodaje de "Mein Führer. La auténtica verdad sobre Adolf Hitler", pelÃcula en la que encarna al dictador.
Según un estudio recientemente publicado por la revista
Nature, su carácter despiadado podría estar relacionado con una disposición genética muy similar entre sí y que podría explicar la existencia de esos pequeños dictadores tan comunes hasta en las oficinas.
Estamos hablando del AVRP1, un gen que en este tipo de figuras históricas podría haber sido más corto de lo normal, lo que afectaría a su capacidad de ser generosos y altruistas. Como ya averiguó en 2005 el equipo de investigación de la Universidad Hebrea de Jerusalén, este gen consigue producir receptores en el cerebro que detectan a vasopresina, una hormona asociada a la creación de vínculos sociales.
Basándose en este hallazgo, el equipo quiso comprobar hasta qué punto puede influir en el comportamiento de una persona poniendo a prueba a un equipo de 200 voluntarios con diferentes aspectos de este gen, a los que sometieron a una prueba de la que desconocían el nombre: “El juego del dictador”.
Divididos en dos grupos, A (dictadores) y B (receptores), a los miembros del primer grupo se le dio una cantidad de dinero que podrían quedarse o compartir con los receptores según les viniera en gana. Un 18% de ellos se quedó con todo el dinero, mientras que la mitad dividió sus ganancias y sólo un 6% decidió repartir todo lo que le habían entregado.
Aunque los resultados no son concluyentes en cuanto a las diferencias de género se refiere, los investigadores sí que pudieron afirmar que en aquellas personas con el gen AVRP1 más corto, la vasopresina se distribuía en el cerebro de forma que éste no generaba placer y bienestar a la hora de compartir con los demás. "Es bastante seguro que los dictadores codiciosos tienen un componente genético", dice el director de la investigación, Richard Ebstein. Sólo hay que ver las fortunas de Sadam Hussein, Obiang o Mobutu mientras el pueblo vive en la más absoluta pobreza.