El hacinamiento de los prisioneros palestinos en las cárceles de Cisjordania ha llegado a unos extremos inhumanos. No hay espacio, por lo que las autoridades dejan salir a los delincuentes menos peligrosos.
laSexta|Noticias
La excesiva delincuencia, la destrucción de cárceles durante la Intifada y los bombardeos isralíes han provocado una inaudita escasez de celdas para mantener encerrados a todos los condenados.
Los presos se hacinan en celdas colectivas en las que apenas queda espacio para nada. Cualquier cuarto libre de las prisiones se convierte en un improvisado calabozo donde hacinar más presos.
De hecho, los presos sin delitos de sangre o violaciones casi nunca terminan de cumplir sus condenas en un país donde sobran presos y faltan cárceles.
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