Son ladrillos ilegales, según dictaminó hace ya cuatro años el Tribunal Internacional de Justicia, pero el muro que Israel erige en Cisjordania continúa expandiéndose y asfixiando a los palestinos.

Pese al dictamen, el Ejecutivo israelí sigue implacable la construcción de la barrera de separación cuyas consecuencias sobre la población palestina son devastadoras.
El 87% de su trazado quedará dentro de Cisjordania, frente al 13% que transcurrirá por la Línea Verde, la frontera imaginaria aceptada internacionalmente tras la primera guerra árabe-israelí de 1948-49.
Hasta la fecha, Israel ha construido en torno al 60% del recorrido proyectado, según datos de la Oficina de la ONU de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Lo ya construido supone un total de 723 kilómetros, 200 de ellos, han sido levantados después del dictamen del tribunal.
Palestinos custodiados
El "muro" ha cambiado las vidas de numerosos campesinos, que han quedado atrapados no sólo por los obstáculos físicos sobre el terreno, sino también por la burocracia israelí que les somete a un régimen de "permisos" para poder tener acceso a sus propias cosechas.
"El muro ha transformado una vida de felicidad en sufrimiento", se lamenta Mohamed Taher Jaber, alcalde de Kalkilia, donde antaño el 80% de sus habitantes vivía de labrar sus fértiles terrenos.
En la actualidad, el 75% de sus vecinos se encuentra en el paro y los privilegiados que trabajan en sus parcelas cuentan con permisos especiales para acceder a ellas atravesando unas puertas asignadas, que sólo se abren tres veces al día.