El 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se levantó contra la ocupación francesa, para comenzar una cruenta guerra contra las tropas galas que finalizó con la victoria de un grupo de campesinos sobre el mejor ejército de la época

VÍCTOR GARCÍA
España y Francia compartían un enemigo común a finales del siglo XVIII, el imperio británico, contra el que combatían de manera conjunta y que tuvo su punto álgido en la Batalla de Trafalgar de 1805. Tras el fracaso de la Armada Invencible, y para obligar a los ingleses a ceder, Napoleón estableció, mediante el Decreto de Berlín de 1806, un bloqueo económico continental, que Portugal no cumplió.
Empeñado en llevar a cabo su propósito, el emperador francés firma el Tratado de Fontainebleau de 1807 con un representante del monarca Carlos IV, por el que España permite a Francia la entrada en dentro de su territorio, con el fin de realizar una ofensiva conjunta para obligar a los lusos a cumplir el bloqueo.
Pero Napoleón, que aparte de ambicioso era un tipo muy listo, advirtió las flaquezas y debilidad del reinado de Carlos IV y, aprovechando la presencia de tropas galas en el norte, que supuestamente se dirigían a Portugal, y el motín de Aranjuez que puso contra las cuerdas al monarca español, obligó a este a abdicar en su hijo, Fernando VII, para que la corona acabase en manos de su hermano, José Bonaparte, en las conocidas como Abdicaciones de Bayona, por las que los Borbones dejaron vendido a su pueblo.
España quedaba en manos de un noble y militar francés, Joaquín Murat, que fue el responsable de una sangrienta represión contra el pueblo de Madrid, el 2 de mayo de 1808, que formó un tumulto para intentar que las tropas francesas no se llevasen del Palacio Real al Infante Francisco de Paula.
Los primeros muertos extendieron la lucha por la capital contra el invasor galo, pero las tropas de Murat sometieron a los rebeldes y se cebaron en lo que quisieron que fuera una represión ejemplar contra el levantamiento. Un instante que recoge Francisco de Goya en su cuadro “La carga de los mamelucos”.
Murat quería escarmentar al pueblo y asegurar su gobierno, así que decidió sentenciar a muerte a todos aquellos que hubieran sido detenidos blandiendo un arma, a la vez que prohibía cualquier tipo de reunión en sitios públicos. Según los cálculos, alrededor de un millar de hombres y mujeres perdieron la vida a manos de las tropas invasoras.
Sin embargo, el plan de Murat produjo el efecto contrario al que pretendía y no hizo otra cosa que enfurecer a los españoles. El mismo 2 de mayo, en la madrileña villa de Móstoles se firmaba un bando por el que se llamaba a todos los españoles a empuñar las armas contra el invasor.
Dicho bando provocaría el levantamiento general de todo el país y daría comienzo a la Guerra de la Independencia Española, que finalizaría con el Tratado de Valençay de 1813, por el que se devolvía el trono a Fernando VII, y provocaría la abdicación de Napoleón Bonaparte tras la Batalla de Touluse de 1814.
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