Se acabaron las quejas. Los españoles disfrutamos de un enamoramiento repentino, y el destinatario no es un ser vivo, ni siquiera vegetal. Es nuestro trabajo cotidiano.
JUAN CARLOS VÉLEZ
Si dice usted que la crisis es mala, es porque no tiene trabajo. Ahora todos los trabajadores estamos más que contentos con el puesto que ocupamos, y no queremos llegar tarde ni un día, ni salir antes de tiempo, ni descansar entre horas, ni tan siquiera nos quejamos de nuestro jefe. Recordamos aquellos tiempos en los que nuestro cometido nos parecía monótono, aburrido, automático y poco creativo.
Ahora todo es de color de rosa en el “curro”. Para muestra, un dato. Por primera vez desde 2000 ha descendido el coste de las bajas laborales en el primer semestre del año, según las estadísticas de la Seguridad Social.
Miedo a quedarse sin trabajo
¿Crisis? ¿Quién dijo crisis? Llamemos las cosas por su nombre. Si “el cese temporal de la convivencia matrimonial” de la Infanta Doña Elena y Don Jaime de Marichalar no era una separación, seamos justos y no llamemos crisis a lo que, como resulta más que evidente, se trata de un “episodio transitorio de felicidad laboral carente de excusas y absentismo”.
Esto viene a ser lo mismo que decir que el miedo a quedarse en paro ha hecho que muchos de esos trabajadores que solían inventarse excusas, fingir bajas, o retrasarse continuamente, hayan dejado de hacerlo. Ahora, en cambio, se lo pasan genial en sus puestos. Ahora es divertido, emocionante, novedoso, intrigante... Ahora acuden a su lugar de trabajo con una sonrisa de oreja a oreja, eso sí, más falsa que un billete de 30 euros.
Los beneficiados
Los empresarios son los beneficiados de todo esto. Si bien la coyuntura financiera no es la mejor de las posibles, el importante descenso del absentismo laboral les está ahorrando cantidad de costes directos (tales como sueldos compensatorios, sustitutos, seguridad social…) como indirectos (principalmente el tiempo necesario para realizar entrevistas, encontrar perfiles adecuados para cubrir puestos vacantes…).
La crisis, ¿mala? ¿Cómo puede ser malo algo que ha hecho que, de la noche a la mañana, lo que parecía un trabajo infumable se convierta en motivo de alegría y sonrisa? Cuánto nos queda por aprender de la crisis…
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