La tortura y desesperación de Ingrid Betancourt se narra ahora en estas cartas, intercambiadas con sus hijos durante su duro cautiverio.

La tortura de la distancia y el silencio que separa de sus familias a los cautivos de la guerrilla colombiana de las FARC se recogen con fuerza en el libro "Cartas a mamá desde el infierno", que evoca el diálogo epistolar mantenido por la rehén y su familia a finales de 2007.
Una sentida carta escrita en octubre del año pasado, única señal de vida de la ex congresista desde el verano de 2003, da cuenta de la vida cotidiana de Betancourt en la selva, un mundo en el que "la incertidumbre y la precariedad son la única constante", según sus propias palabras.
El manuscrito, dirigido a su madre, Yolanda, logró llegar a su destino junto con un vídeo y fotografías confiscados a un grupo de guerrilleros detenidos en Bogotá.
Con un tono en el que conviven a ratos la serenidad y un profundo desaliento, Betancourt, secuestrada desde febrero de 2002, les cuenta cómo ha logrado mantenerse a flote gracias a sus recuerdos, que "le impiden que se ahogue en el olvido, la nada y la desesperación".
Los mensajes de radio que le envía incansablemente su madre, la desolación que produce la selva, y su orgullo maternal alimentado con los deseos de no sentir la vida de sus tres hijos en suspenso mientras ella se encuentra en la selva, son algunos de los detalles que describen sus conmovedoras palabras.
"Esta es una selva muy tupida, difícilmente entran los rayos del sol. Pero es desierta en afecto, solidaridad o ternura. Por eso tu voz es mi cordón umbilical con la vida", dice a su madre.
La respuesta de dos de sus hijos, Mélanie y Lorenzo, llega dentro de "Cartas a mamá desde el infierno" (Debate) en la forma de una estremecedora declaración de amor que se convierte en "una apología a la libertad".
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