Las tórridas animadoras del anuncio de Seat nos recuerdan lo recurrente que es el sexo en la publicidad y cómo ésta ha cambiado en las últimas décadas.

ANA BOYERO
A principios de los años noventa, la publicidad tradicional dejó de ser tan efectiva como consecuencia de la saturación y del aprendizaje del público. En esta época las marcas se plantearon un cambio de estrategia gracias al cual dejaron de vender su producto y se centraron en exportar una identidad y despertar sentimientos.
En el caso del último spot de Seat (ver vídeo aquí), esto se ve especialmente bien. Protagonizado por unas tórridas animadoras de voley playa que han dejado en casa los pompones y las falditas para armarse con cariocas y tangas, y presumiendo de melenas salvajes en lugar de tiernas coletitas. El anuncio fue grabado por la agencia RJ41 y aunque a primera vista parezca que no responde a las necesidades de SEAT, si entramos en su página web, la marca se destaca como: deportiva, de diseño y vitalidad. Y en ese sentido, el anuncio de las animadoras se adapta perfectamente… aunque el coche no aparezca por ningún lado.
El sexo vende
Lo que está claro es que no hace falta publicitar el producto que se quiere vender para venderlo. Y menos si se sabe utilizar un buen modelo.
De sexo y publicidad sabe mucho Tom Ford, capaz de enmarcar sus perfumes en una vagina sin despeinarse. De hecho, en abril censuraron uno de sus anuncios por ser considerado “excesivamente vulgar, trascendir los límites del mal gusto y evocar un acto ofensivo y abusivo contra las mujeres, lo cual degrada la integridad de la persona”.
Desde luego, no tan explícito pero sí muy sugerente fue aquel obrero que a media mañana se refrescaba con una Coca Cola light mientras acaloraba a unas encantadas oficinistas que se apiñaban en la ventana. Los ejemplos abundan: el striptease de Claudia Schiffer, el “desnudo” (el trasero era de otro modelo) de Eduardo Noriega ; los amantes en barca hinchable de D&G… y así, los que uno quiera.
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