La llama olímpica ha puesto este jueves la guinda a su peregrinaje mundial al alcanzar la Gran Muralla y ajena a toda polémica sobre la expulsión del país de los activistas pro Tibet.
La antorcha olímpica, que el viernes encenderá el pebetero para marcar el inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, ha llegado a la Gran Muralla, uno de los monumentos más famosos del mundo, donde fue recibida por la multitud.
En total, 18 portadores pasearon el fuego de Olimpia por la Gran Muralla en su tramo de Badaling, el más visitado de este monumento de más de 5.000 kilómetros que estaba flanqueado en sus almenas por banderas chinas y olímpicas.
Además, la muralla estaba prácticamente tomada por cientos de estudiantes de instituto que, vestidos de amarillo y rojo, tiñeron el monumento con los colores nacionales de China.
En esta etapa, penúltima de un viaje de más de 140.000 kilómetros, la antorcha será llevada por 268 portadores y pasará por la localidad de Changping, el canal de Tongzhou y el Templo de la Tierra, entre otros lugares.
Todo son enigmas
Sigue siendo un enigma quién será la personalidad que entrará con la antorcha mañana en el Estadio Olímpico, durante la inauguración de los Juegos, y quién encenderá el pebetero.
Con más recelo que nunca esconde China esta información, después de que un trabajador de la organización grabase los ensayos de la ceremonia de apertura de los Juegos.
En su viaje por todo el mundo, la antorcha siempre estuvo rodeada de fuertes medidas de seguridad, lo que no impidió que algunos manifestantes en París y Londres lograran acercarse para intentar robarla o incluso apagarla, como protesta por la situación de derechos humanos en China o pidiendo la independencia del Tíbet.
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